La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolverá este miércoles siete amparos promovidos por apicultores, autoridades tradicionales mayas y cooperativas mieleras de Campeche y Yucatán, en contra del permiso que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), otorgó en 2012 a la multinacional Monsanto, para permitir el cultivo de soya transgénica en 235 mil hectáreas de la Península, la Planicie Huasteca y Chiapas.

Estos permisos violan el principio precautorio y de consulta a comunidades indígenas, establecido en las leyes mexicanas, además de poner en riesgo la salud y economía de miles de familias asentadas en Yucatán y Campeche, sin contar con los graves impactos que ocasionará al suelo y al acuífero subterráneo, dada la consistencia porosa del sistema cárstico de la Península, que favorece la infiltración de contaminantes y químicos al subsuelo.

En entrevista con El Universal, Miguel Ángel Munguía, representante de los apicultores y productor de miel orgánica a nivel internacional, suma un impacto adicional, pero no menos grave.

La siembra de soya transgénica –afirma- podría acelerar el colapso que, a nivel mundial, experimentan las poblaciones de abejas, lo cual trastocaría el proceso natural para la obtención de alimentos en el país.

Ocurre que los productos para fumigar las plantaciones de soya transgénica, presuntamente afectan el sentido de orientación de las abejas, polinizadores que están encargados de la fecundación de flores y plantas, cuyo resultado son los frutos y semillas, es decir, son factor clave en la alimentación del ser humano.

De acuerdo con el estudio “El Declive de las abejas. Peligros para los polinizadores y la agricultura de Europa”, consultado por este diario, la disminución de abejas en Norteamérica y Europa se atribuye al uso de agroquímicos y plaguicidas tóxicos; parásitos, enfermedades y al cambio climático.

“En Europa ya salió la prohibición de algunos químicos, que se demostró, que están afectando a las abejas.

Se llaman neonicotinoides, son químicos que aquí no están prohibidos. La abeja sale y se encuentra en el ambiente con estos compuestos y se desorienta. Ya no puede volver y muere. Se han encontrado cientos de abejas muertas en los campos de Campeche”, comentó.

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Foto: Cortesía/ Robin Canul