Francisco López Vargas
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Francisco López Vargas
Analista Político, conductor y productor en Telesur, y colaborador de EL EXPRESO desde su fundación. Estudió Comunicación en el Instituto de Ciencias Sociales de Mérida.
@elnegrito_63

¿Y ahora?

Voces, Martes 23 octubre, 2012 a las 9:18 am

Para recuperar la presidencia de la República, el PRI tuvo que hacer gala de fortaleza, discreción y unidad. En Campeche, la fortaleza que llevó al triunfo a Fernando Ortega fue la obediencia y esa supuesta unidad que evitó desquebrajamientos.

Hoy, en Campeche vemos que las deudas confesadas no se apegan a las deudas declaradas y, al menos, conociendo a Ana Martha Escalante, sabemos que lo hace por un compromiso de claridad que nadie ha salido a contradecirle. El silencio de la alcaldesa que entregó la administración pareciera la admisión sin queja de que el adeudo es así.

Que recordemos, no hay publicado ni un solo detalle que contradiga que Carlos Rosado dejó una deuda de poco menos de 280 millones de pesos y precisamente por eso sorprende que, sin declararlo, ahora el adeudo municipal sea 300 millones superior.

Como dijimos hace algunos días, Rosado se equivocó al no hacer público el estado real del ayuntamiento que recibió. El decidió congraciarse, llevar la fiesta en paz con tal de tener una relación cordial con el PRI y sus autoridades.

Algo similar hizo Aracely Escalante. No salió a ventilar el estado en que recibió ese ayuntamiento para llevar la música en paz.

En ambos casos, la cortesía del triunfador se está volviendo en contra de ellos. Es entendible que Ana Martha Escalante haga lo que está haciendo.

De hecho, una exigencia social sería que todos los alcaldes hagan lo mismo.

Empero, Ana Martha, puede decirse, tendría que exhibir el daño para dimensionar lo complejo que será su titánica carrera por tratar de resolver lo poco que tres años le permitan en una ciudad cuyo grado de abandono y de vejez amerita recursos extraordinarios y muy cuantiosos.

En el caso de Campeche, Ana Martha hace lo correcto y hasta políticamente redituable porque exhibe a una autoridad de diferente signo al de ella. Una autoridad que, en su momento, se vendió como la verdadera opción del cambio, pero que en el camino se destruyó por la falta de calidad política y humana de muchos de los involucrados en ella. La autodestrucción panista aceleró la decisión sencilla de exhibirlos a todos.

En el caso de Carmen las cosas son diferentes. La deuda de Aracely Escalante publicada es de $514 millones y ahora, su compañero de partido, al que se supone apoyaron para ratificar el triunfo, sale a decirnos que la cifra es de $780 millones.

Se comprende que una priista exhiba a una administración panista, pero lo que no cuadra es si en verdad la deuda de Carmen es como se dice o Enrique Iván está tirando una cortina de humo para desviar la atención de cómo dejó la Secretaría de Salud que sólo usó como trampolín político o está protegiendo a sus amigos panistas, esos que dicen lo ayudaron a ganar para tenerlo también dentro, sobre todo el grupo de su compadre Jorge Rosiñol.

La idea sería quedarse con el PAN financiándose desde la Comuna y en tres años repartirse la candidatura a gobernador entre compadres: uno por el PAN otro por el PRI.

Lo que sí es inobjetable es el daño que González López le hizo a Campeche a su paso por Salud: creó una red de proselitismo que dejó en el abandono muchas de las áreas más delicadas del sector, y por eso la crisis que hoy vemos.

Aracely, además, cercana de Enrique Peña desde hace muchos años por haber compartido responsabilidades legislativas priistas, es vista por muchos como una rival a desprestigiar, a desaparecer porque, como sucedió con Jorge Carlos Hurtado, su popularidad rebasaba por mucho al entonces candidato del PRI. La solidez de Chely como candidata llevó a Antonio González, en su papel de gobernador, a tratar de hacerla renunciar a la nominación al Senado, que ganó.

La honestidad y la calidad moral de Chely no puede equiparase ni por error con la de Enrique Iván, pero tampoco con la de otros aspirantes a candidatos a gobernador para el 2015 y la agresión a la carmelita pretende desprestigiarla y hacerla a un lado cuando ya se habla de incluirla al gabinete local y se dice que Peña la tiene en la mira para llevarla a colaborar con él.

La pregunta es ¿qué está pasando en el PRI? Quizá sea la falta de liderazgo real del actual presidente del tricolor que es incapaz de meter orden; quizá estén desesperados por posicionarse varios de ellos; quizá sea ver que con cualquiera ganaría el PRI en el 2015 ante el desprestigio del PAN, lo que lleva a esta lucha intestina.

Lo cierto es que el PRI dividido sólo le abre la puerta a la oposición, por débil que sea y hoy Enrique Iván no ayuda.