
En el deporte, el que usted me quiera decir, los profesionales deben tener algo bien claro, la cabeza debe estar fría y en la medida de lo posible deben evitar peleas, ya sean dentro o fuera del campo, ya que no deben olvidar que representan una institución y por tanto se convierten en figuras públicas, ídolos de niños, héroes deportivos y hasta ejemplo a seguir.
El fin de semana, lejos de los resultados deportivos en los que se han mostrado irregulares, los Piratas de Campeche dieron la nota a nivel nacional y por allí hasta internacional.
Pero por desgracia esto no fue producto de una victoria contundente o un llamado “juego perfecto”.
Piratas se fue a meter al estadio Resurgimiento, casa de los Delfines de Ciudad del Carmen, que por cierto son los mejores de la todavía naciente temporada de la Liga Mexicana de Beisbol, y allí se enfrascaron a golpes con unos supuestos aficionados los que, según testigos, minutos antes los habrían agredido.
Diferentes versiones surgieron de inmediato. ¿Quiénes eran los culpables? ¿Por qué Adán Velázquez, Alejandro Armenta y el bat boy Jorge Pech Maldonado se lanzaron furiosos contra unos individuos en las calles carmelitas?
Bla, bla, bla. Muchas teorías. La directiva ese domingo no dijo nada. El lunes emitió un comunicado en el que lamentaba los hechos, reprobaba las agresiones de los jugadores, reiteraba el respeto a la afición de Carmen y que estarían atentos a lo que dicte la Liga Mexicana de Beisbol, la cual ya había informado que estudiaría el caso, pero… ¿Y luego?
Lejos de los señalamientos de quién tuvo la culpa, cómo fue que los provocaron y todo lo anterior, la directiva de Piratas falla al no poner una sanción interna.
No entiendo cómo Enrique Rosado, presidente del equipo, no haya aplicado una sanción como anteriormente han hecho otros clubes de diferentes deportes. ¿Qué esperan para poner orden y mostrar su autoridad? Los jugadores dieron una mala imagen. ¡Olvídense de si los agredieron antes! Qué necesidad tiene un jugador que rebajarse al meterse con tipos “borrachos”.
No sé cómo se encuentre la afición en general, pero al menos en Twitter les digo que la mayoría no están nada contentos.
No es para menos.
EJEMPLOS
En los primeros días de abril, Jorge Soler, de Cuba, prospecto de los Cachorros de Chicago, tomó el bat y como loco amagó con agredir a integrantes del equipo contrario contra el que jugaban. Pues de inmediato la liga Clase A, de ligas menores, lo suspendió indefinidamente y los Cachorros emitieron una disculpa a sus rivales y aplicaron sanción monetaria contra el pelotero cubano.
Otro caso fue el del fin de semana cuando Luis Suárez, en el duelo entre el Liverpool y el Chelsea, mordió en plena jugada a Branislav Ivanovic. Pues el club inglés le pidió a Suárez que done el importe de una multa establecida –la cual se desconoce– a alguna causa noble.
Ejemplos hay muchos, ¿qué hará la directiva? Insisto, tiene que hacerse respetar.
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