
Quizá le pasó desapercibido, pero Joe Biden, vicepresidente de los Estados de Unidos de América, estuvo en nuestro país.
Según un comunicado de prensa de la Casa Blanca con fecha del 20 de septiembre de este año, Biden, en conjunto con el gobierno Mexicano, lanzó el inicio formal del Diálogo Económico de Alto Nivel México- Estados Unidos (U.S.-Mexico High Level Economic Dialogue, HLED) que fue puesto en marcha por el vicepresidente de Estados Unidos y el presidente de nuestro país. En la ceremonia estuvieron presentes funcionarios estadounidenses como el Secretario de Comercio, Penny Pritzker; el Representante Comercial de Estados Unidos, Michael Froman; los subsecretarios de Estado José Fernández y Roberta Jacobson; el Secretario interino de Seguridad Nacional, Rand Beers; el Subsecretario del Tesoro, Lael Brainard; y el Secretario de Transporte, Anthony Foxx.
En primer lugar, Biden externó la necesidad de las reformas estructurales para México, aunque aclaró que “compete a los mexicanos tomar estas decisiones”. Segundo, recordó la importancia de la educación como mejor manera de incrementar la competitividad de un país en el mundo y consideró a algunas universidades mexicanas de estar a la “altura de Yale”. Sobre el tema ofreció el apoyo de su país en el diseño del nuevo modelo educativo mexicano resaltando que “el de Estados Unidos puede mejorarse aunque tiene el mejor sistema universitario del mundo”. Tercero, mencionó la reforma migratoria que discute el Congreso americano aunque solo adelantó que cuando esta se modernice, se abrirá la puerta a tres mil millones de dólares. Esto último no queda muy claro, pero sí lo que sostuvo sobre la agilización del tráfico comercial y de personas a través de la vigilancia fronteriza entre ambos países para hacer de Norteamérica “el motor más potente del mundo”.
Los gobiernos de ambos países coincidieron en el potencial conjunto para mover a ambas economías en el continente y fuera de él resaltando que deben producirse cambios para lograrlo. Los estadounidenses hicieron especial hincapié en convertir a Norteamérica en el centro de la economía global a través de una estrategia conjunta y optimista para alcanzar la meta. Sin embargo, temas como el tráfico de armas y drogas y el espionaje no se tocaron en esta ocasión.
¿Entonces, a qué vino Biden a México? Pregunta casi retórica a esta altura. Ambos gobiernos reconocieron que el HLED significa fortalecer la región económicamente fomentándolo con la alineación de políticas públicas y visiones.
Las reformas educativa, energética y de telecomunicaciones son necesarias para México, resaltó muy claramente Mr. Biden, afirmando explícitamente que estas reformas no solo benefician a nuestro país, sino también a los Estados Unidos.
“La relación entre México y Estados Unidos ha llegado a un punto en el cual el tema central ya no es la seguridad. Ahora se centrará en lo económico”, palabras de Biden, quien también sostuvo que “finalmente hemos alcanzado un punto que se debió haber alcanzado hace mucho”. “Sabemos que las reformas son difíciles. Siempre hay ganadores y perdedores cuando cambian las reglas, inclusive cuando es por el bien del país”, remató Biden, que puso de ejemplo los cambios impulsados por Barack Obama.
¿Qué trajo a Biden a México? Pareciera que en el guión del Diálogo de Biden quedó claro que si México no se transforma, la relación comercial podría verse debilitada y perder la oportunidad de convertirnos en el centro de la economía global. Diálogo (o monólogo) que además se dio en el peor momento de la contingencia meteorológica del país con comunidades y gente bajo el agua. Palabras más, palabras menos, quedó explícito que sin reformas, no hay relación comercial rentable y todos sabemos lo que eso implica económicamente para México, siendo Estados Unidos nuestro principal socio comercial.
La diplomacia estadounidense es muy buena negociadora para orillar a otros a obrar en determinado sentido; ojalá que no sea solo en dirección unilateral. Retomando las mismas palabras de Biden “compete a los mexicanos tomar estas decisiones”. ¿Y si hacemos esto último al pie de la letra? ¿Nos van a penalizar? ¿O en su defecto intenta ser una sutil y delicada imposición diplomática?



Columna Invitada
