Chagui_Santini
En Voz de la Experta
Chagüi Santini
Conductora de La Merienda, en Telesur. Columnista en Style! Expreso de Campeche
@ChaguiMerienda

Salas de espera

Voces, Domingo 26 enero, 2014 a las 11:32 am

¡Hola!

Estar en la sala de espera de un consultorio es -por más que uno lo quiera poner bonito- nada agradable. Ya sea que uno vaya al dentista, al endocrinólogo, al pediatra a llevar a los niños, o hasta ver al otorrino, eso de esperar a nadie le gusta. Desde que una saca la cita para acudir al médico empezamos a sufrir.

No conozco, hasta hoy día, a algún doctor que empiece sus citas a tiempo y no se atrase con el paciente. Si usted ha tenido la buena suerte, dichoso.

Relatemos un día cualquiera para acudir a una cita de doctor.

En nuestra agenda del día sabemos que tenemos la cita programada, pongamos 7 de la noche. Tenemos que hacer todo lo que nuestra rutina marca en ese día de la manera más rápida, para así ajustar tiempos y que todo esté perfectamente resuelto. Tratamos siempre de llegar lo más puntual posible.

Ya son muy pocas las personas que llegan con 15 minutos de anticipación, la mayoría se repite a sí misma: “Para qué ser puntual si el doctor nunca está a tiempo”. Error número uno. La puntualidad se pierde –muchas veces- al dejarse llevar por consecuencias ocasionadas en situaciones como ésta.

En fin, retomemos el ejemplo.

Ya que estamos en el consultorio, nos acercamos a la señorita recepcionista para decirle nuestro nombre y hacerle saber que tenemos una cita agendada.

La señorita en cuestión nos dirá “Ok, tiene que esperar, el doctor va retrasado con sus pacientes, tome asiento”. Una solo sonríe y dice “gracias, yo espero”. Este es el momento en que a una le empiezan a pasar mil cosas por la cabeza porque, a ciencia cierta, no sabemos cuánto tiempo estaremos sentados esperando y eso es lo que más nos incomoda.

Nos empezamos a impacientar sin que siquiera haya transcurrido un minuto desde que la secretaria nos dijo que esperemos. Error número dos.  Seguidamente, nuestra cabeza empieza a trabajar a todo lo que da pensando en que ese tiempo que estamos “perdiendo” ahí sentados lo podríamos emplear en otras cosas, pero sólo hay que esperar. Los minutos se empiezan a hacer eternos.

La televisión está encendida en la novela de la hora (en muchos consultorios así sucede, no me dejarán mentir). Al celular que tenemos se le está acabando la batería, entonces no podremos chatear o navegar por Internet para entretenernos. Las revistas que hay en el consultorio son las mismas desde la última vez que acudimos a ese doctor. La gente que está sentada a nuestro alrededor está en la misma situación que uno, así que una de dos, o les sacamos plática para hacer menos larga la espera, o nos quedamos calladitos aburridos a esperar que el tiempo pase, y que se hará interminable, aclaro.

Yo sugiero platicar con el vecino de junto, así cuando menos uno se entera de qué está enfermo y le puede aconsejar; el caso es socializar un poco ya que estamos ahí. Uno nunca sabe cuándo podremos necesitar de esas personas.

En fin, prosigamos. Imaginemos que los minutos ya pasaron, que usted ya se enteró de la vida del vecino con el que platicó y, de pronto, surge esa maravillosa voz de la secretaria que pronuncia su nombre para decir que es el siguiente en pasar al consultorio.

Hasta angelical escuchamos la voz, ya que en ese tiempo de espera es lo único que deseábamos oír. Entramos al consultorio, le planteamos nuestra situación al doctor y en 15 minutos ya estamos diagnosticados, medicados y con receta en mano, lo que quiere decir que -sin dudarlo- uno pasa más tiempo en las salas de espera que en el propio consultorio viendo al doctor, por lo que me permito hacer una recomendación al respecto. Sabiendo es inevitable poder “saltarnos este paso” (el de eternizarnos en las salas de espera), lleve su celular con la batería llena, compre una revista antes de llegar ahí o de plano dispóngase a entablar comunicación con cualquiera de los presentes porque no creo exista solución alguna a esta clase de situación.

¡Ah! Olvidaba algo muy importante: jamás pero jamás olvide llevar mucha pero mucha paciencia, ya que sin eso no podrá sobrevivir en un lugar así.

Sonría, no nos queda de otra.

Les mando besos. Nos leemos el próximo domingo.

Ba-bye!!