
Cada cuatro años nuestro país se paraliza, entra en una dinámica de esperanza-desconfianza, de ilusión-escepticismo, todos nuestros problemas económicos, culturales, sociales, familiares se atenúan por lapsos de 90 minutos cuando la selección mexicana juega sus partidos en la espera del añorado quinto partido.
Cuando empezó este proceso mundialista la selección transitaba con paso firme por la “calle de la amargura”, su juego era errático, aburrido y en ocasiones francamente malo. Sin embargo, en el mundial su cara fue otra, el equipo mostró lo que todos los mexicanos sabemos desde lo mas profundo de nuestro ser, demostró que somos buenos pero que tenemos que creérnoslo.
El domingo tuvimos el pase al elusivo quinto partido y por 85 minutos volamos alto, tan alto que ya nos veíamos como campeones del mundo, pero Holanda nos recordó el dicho “del plato a la boca… se cae la sopa”.
Todo un país está en duelo, dolido, triste y lo estamos porque esta vez no fue culpa de nosotros, fue circunstancial, pero las circunstancias también son parte de la vida y no siempre son a favor. ¿Y si hubiera sido lo opuesto y el árbitro nos regalara un penal? ¿Nuestro ánimo sería igual? ¿Seguiríamos clamando que fue injusto?
La justicia no es si nos favorece o no, la justicia es ciega y al igual que la verdad, simplemente… ES.
Robben pidió disculpas por el clavado que se aventó en el área, le regalaron el penal o le devolvieron el que le robaron antes. No importa excepto por el hecho de que todos los niños que lo vieron, supieron que hacer trampa paga y quizá la sensación de pérdida que nos deja, nos hiciera recapacitar y entender que cada vez que hacemos algo incorrecto en beneficio propio estamos afectando de manera directa a muchas otras personas.
“Jugamos como nunca, perdimos como siempre” Esa frase encierra toda una psique social en la que estamos atrapados, no importa lo que hagamos, nada va a cambiar. FALSO, nuestro equipo de fútbol nos demostró en cuatro gloriosos partidos que la mayoría de nosotros, hombres de poca fe, estábamos equivocados hasta la médula, nos demostraron que la suma de las partes es más importante que la individualidad, nos demostraron que cada uno cuenta y por encima de todo, nos demostraron que se puede ser grande incluso cuando nadie daba un peso por ti.
Ochoa, portero con dudas, portero sin equipo, portero que no veíamos en el mundial y ahora, San Ochoa de los tres palos. Márquez el que ya era grande, el que no estaba en el nivel, el que robaba un espacio de la selección y ahora Márquez el gran capitán, el único que ha capitaneado a una selección en cuatro mundiales, el gran Márquez. Y así con todos, pues cada vez que vemos que un mexicano deja sangre, sudor y lágrimas en lo que hace, todos lo mexicanos lo hacemos, todos recordamos quienes somos, todos somos parte de la grandeza, aunque sea por unos instantes.
En ese glorioso instante en que todos nos unimos, en que todos inhalamos el límpido orgullo y exhalamos nuestras ataduras, en ese instante, tocamos el sol… después olvidamos y es ese nuestro problema, olvidamos que lo que nos hace grandes es la unión de nuestras diferencias en algo mayor llamado México. No necesitamos un mundial para recordarlo, no necesitamos 90 minutos para sentirlo, no requerimos que alguien nos lo diga. Ya lo sentimos, ya lo sabemos, ya lo gritamos, ahora solo falta el último ingrediente… Creer en nosotros, entre nosotros, para nosotros, creer en ese pedazo de geografía que nos une, saber que somos la parte mas importante de la suma de partes, saber que México es de todos, todos somos de México y a México nos debemos.



Palabras Altisonantes
