
Y la cita llegó. Para más de uno el informe de este jueves significó el final de una administración legítima.
Ningún otro gobernador ha llegado a ese cargo con el número de votos que logró en una elección contundente y en la que Mario Ávila Lizarraga no dudó en llamarle para decirle que aceptaba el triunfo de un candidato tan contundente. No había nada qué pelear.
El que termina es el gobierno de Ortega, sólo de él. Él cargará, como todos sus antecesores, con el peso de sus aciertos y los de sus yerros.
En lo que sigue, la atención se centrará en quienes habrán de sucederle, en saber por quién se decanta la decisión presidencial, una decisión unipersonal y en la que el propio gobernador poco tendrá qué decir.
Lo cierto es que el gobernador se juega sus últimas cartas. En el PRI nacional, según un estudio filtrado en los medios, se ve a Campeche con focos amarillos que, hay que decirlo, podrían considerarse normales al final de una administración en la que el gobernador fue la única estructura sólida.
El gobernador terminó su informe de hoy arropado: vino la plana mayor del PRI, vinieron los principales gobernadores del país, incluso el vecino perredista, un hombre de poder consolidado en su vida política pero con una entidad podrida, minada no sólo por la crisis de seguridad sino también por la crisis económica agravada.
Ortega tuvo que lidiar con una crisis local muy grave, no declarada oficialmente; tuvo que lidiar con una Ley de Coordinación Fiscal que resultó gravosa para la entidad y con una declinación de la producción petrolera que no sólo afectó el erario sino también el margen de operación.
Ortega ha sido un gobernador de formas. Ha tenido que operar su gobierno prácticamente el solo y eso, hay que decirlo, ha afectado su popularidad.
En el Informe de ayer, más de uno esperaba una señal de por quien se decanta el afecto del Ejecutivo. No hubo esa señal, hubo una institucionalidad que llegó al extremo de evitar el aplausómetro, muchas veces inducido no por la simpatía sino por el dinero, la operación política en contra y hasta la traición.
En este informe, Ortega prefirió apostarle a su propia imagen, a su propio capital político y frenar con ello una desbandada de aspirantes que no tiene elementos hoy para decir que es el afecto gubernamental, ni local ni federal. Así de claro.
El tema del día fue el informe, no cabe duda, pero una foto que circuló en redes sociales también llamó la atención. Una comida en el restaurante de referencia de Campeche, La Pigua, definió que hay quienes ya entendieron. Que más ganan unidos y juntos que sueltos, que están no sólo dispuestos a trabajar juntos sino que así, juntos, pueden entender y aceptar que la decisión que se tome no provocará una fractura, no habrá decisión que genere un problema político en una elección que tendrá entidades con procesos mucho más complicados no sólo por la efervescencia política sino también por la presencia del narco y la inseguridad.
Ahí sentados estaban Ana Martha y Raúl Pozos, los posibles locales, los del encargo en la entidad y el Senado. Oscar Rodríguez, el amigo del presidente, Renato Sales y Aracely Escalante, los colaboradores, pero juntos. Sentados ahí departiendo, sin decirlo verbalmente pero reconociendo que juntos ganan más.
Por eso, el mensaje de Ortega es que Campeche no será un problema. Y para eso trabajó en su 5º Informe: para que nada estuviese fuera de lugar.
La presencia de cinco de los aspirantes en una mesa departiendo sin mayores complejos, viéndose a la cara y a los ojos unos a otros tiene que ver con un compromiso implícito en cada uno de ellos: respeto a una decisión que saben no les pertenece, una decisión que no podrán cambiar ni influir.
Esa decisión se tomó en Calakmul. El presidente tampoco se evidenció en atención esmerada a ninguno de los suspirantes. Sólo el mensaje de Meade dejó claro quien sí es amigo del gobierno federal, pero también expuso que esa amistad es eso: amistad.
Para más de uno quedó claro que todos fueron invitados, se cumplió con llamarlos, convocarlos a todos, pero no se hizo distinción aunque la foto que circuló pretendió que ese mensaje sí se sintiera a favor de uno de los aspirantes, pero nadie comenta como se dio, los detalles de la misma.
En el informe, los saludos también dejaron claro el afecto de César Camacho, de Ivonne Ortega. Ahí se notó como se mueven los aspirantes.
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Lic. Nehemías Canché



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