
El país se encuentra agitado, la escisión entre gobierno y sociedad cada día se acrecienta y sin importar que se diga, siempre se queda mal, con unos o con otros y si se mantiene el silencio se queda peor con los dos.
El discurso de odio y de incompetencia, las palabras de dolor y de abandono, la esperanza pospuesta, la necesidad acuciante de creer y de sentir que hay una luz al final del túnel.
Dice Asimov en su famosa trilogía de la Fundación “La violencia es el último recurso del incompetente” y fueran infiltrados o manifestantes legítimos, es violencia que daña un movimiento no solo justo sino necesario para el país. Un movimiento que es un grito de auxilio, una demanda de atención, una exigencia y una acusación todo en uno. No obstante, debemos de ir más allá y no buscar la división y el debilitamiento de las instituciones pues hacerlo sería servírselas en bandeja de plata al crimen organizado que las vulneró y que por eso sucedió esto.
La sociedad debe exigir y el gobierno debe escuchar, el gobierno debe actuar y la sociedad vigilar. Es necesario que se acabe todo tipo de impunidad, desde el nivel mas bajo hasta el más alto de los servidores y funcionario y nosotros como sociedad debemos ser parte de la solución y no parte del problema.
Estoy en el parque del centro este sábado, me acercó a prender una veladora pues es lo menos que puedo hacer por los desaparecidos y mientras elevo una oración al cielo pidiendo por ellos y por nosotros, escucho la acusación, el señalamiento, “el estado es el culpable” cierto, nada más cierto pues el estado somos todos y sí, todos tenemos parte de culpa y está en nuestras manos el tomar parte en la solución. Me alejé pues no quiero ser parte de una estrategia de división, quiero ser parte de la de unión, no quiero acusar al presidente o al procurador y sí al crimen organizado que nos infiltró y que nadie menciona. Mientras me alejo escucho a un orador decir “veo gente muy tranquila paseando por el parque pues no saben y si saben no les interesa y por eso estamos así” Cierro los ojos y respiro profundamente. Sí sé, sí me interesa pero es algo mas profundo del “si no estás conmigo estás contra mí”. Quizá permanecer en la marcha fuera más sencillo y así sentiría que estoy haciendo algo pero sé que necesitamos más, sé que tenemos que trabajar en la conformación de una estrategia a largo plazo gobierno y ciudadanía para solucionar estos problemas pues concediendo que el presidente renuncie, ¿luego qué?. Llamamos a nuevas elecciones y entonces entiendo el porque del afán de algunos políticos de hacer suya la bandera de la indignación. Pero si no renuncia ¿luego qué? seguiremos enfrentados cada día de cada mes de cada año. En la siguiente elección no habría país para gobernar.
Algo tenemos que hacer y lo tenemos que hacer ya, no mas comisiones del Congreso de la Unión, no más conciliación con grupos de uno u otro bando. Tenemos que hacer un gran pacto nacional donde la sociedad civil se siente con los tres poderes y con las fuerzas armadas y policías federales. Quizá ya es hora de una contraloría ciudadana, quizá ya es hora de que derechos humanos no se queden solo en recomendaciones y actúen pero que también cuiden que los criminales no los usen para escudarse. Quizá es hora de redefinir todo nuestro sistema de justicia penal y penitenciarías y estoy seguro que ya es hora de que los Mexicanos asumamos que este país nos pertenece y nuestra obligación es protegerlo y mejorarlo.
No es hablar por hablar, no es callar por callar, no es de unos u otros o hablamos todos desde la igualdad que nos da ser Mexicanos o nos tiramos a la yugular en el destructivo e incomprensible “ellos y nosotros”… y mientras eso sucede, el país se hunde en el incómodo silencio de miradas incendiarias.



Palabras Altisonantes
