Raúl Sales Heredia
Palabras Altisonantes
Raúl Sales Heredia

Tiene formación como contador público y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmente es vicepresidente de la Fundación Avanza.

@RSalesH

Las patas de la mesa

Voces, Viernes 21 noviembre, 2014 a las 1:50 pm

En el inicio del sexenio se dio el “Pacto por México” las tres corrientes de ideología política más representativas se dieron cita para conformar una serie de acuerdos y sacar las reformas estructurales tan ansiadas y esperadas para el desarrollo del país. Las tres patas de la mesa estaban puestas y no obstante, la mesa en sí, es decir, cada uno de nosotros, sociedad, no estábamos ahí. Es cierto que elegimos a nuestros representantes a través de una democracia, imperfecta si quieren, pero democracia al fin, y son electos para que tomen las decisiones en beneficio de la mayoría de los habitantes. No obstante, la desconfianza hacia nuestro sistema político y por ende a nuestras instituciones lleva años gestándose. Llevamos años viendo cómo la impunidad campa a sus anchas, cómo el fin justifica los medios, cómo los favores, compadrazgos y padrinos son los que impulsan carreras políticas y no el trabajo y esfuerzo realizado.

Hoy el país se encuentra en una crisis social donde la división es lo que impera, vemos cómo algunos se aprovechan políticamente de la crisis y hacen suya la bandera y criticamos pero sin proponer. Supongamos que el presidente le hace caso a los que piden su renuncia ¿entonces qué? el Congreso toma la decisión y ok, nuevas elecciones ¿y? las instituciones seguirán igual de vulneradas.

No, es hora de que le pongamos el tablón a las patas de la mesa y se genere un compromiso de todos los interesados, que los académicos, politólogos, organismos no gubernamentales, estudiantes, congresistas, miembros del gabinete y por supuesto, cada uno de nosotros entremos, hagamos un verdadero pacto, que pongamos las condiciones necesarias para sacar a nuestro país del hoyo en el que estamos.

Que se quite el fuero, que sea obligatorio que todo aquel que cobra del erario público abra su declaración patrimonial así como lo hizo el presidente hace unos días, que se conforme un ente independiente del control gubernamental pero en donde se cuente con un interlocutor para que lo decidido tenga el peso adecuado y donde la supervisión de las acciones que se realicen sean vigiladas y con los dientes suficientes para sancionar al funcionario o servidor público que cometa actos ilícitos, que demuestre un nivel de vida por encima de sus ingresos sin posibilidad de comprobarlo, que trafique con influencias, en pocas palabras, que se evite la posibilidad de ser corrompidos por el crimen organizado y si así fuera, terminaran en la cárcel y no cambiando de puesto en puesto.

Todo el peso de la ley, el estado de derecho, el imperio de la ley. La ley en igualdad de condiciones para todos, la ley seguida al pie de la letra, la ley como el manto protector que debe ser y no la cortina sobre la luz sumiendo todo en la oscuridad.

Tres patas apoyadas la una sobre la otra son frágiles, tres patas con un sólido tablón social encima no solo adquieren estabilidad sino funcionalidad. Todos somos parte de este país, todos tenemos que buscar la solución y todos tenemos que hacer nuestra parte.

Los partidos políticos prometieron revisar a cada uno de sus candidatos para seleccionar a los mejores y si como clase política (no de un partido sino como totalidad) se pidiera la aprobación de los otros partidos para que no hubiera solo un chequeo sino varios, para que en realidad si escogiéramos a los mejores mexicanos y no solo a los mejores desde una sola cara, estaríamos garantizando la certeza de los filtros y entonces sí, la decisión será del pueblo.

Una revolución de ideas, evolucionar más allá de lo que tenemos y tomar lo bueno y mejorarlo y tomar lo malo y desecharlo pero, hacerlo juntos como país, aún si no estamos de acuerdo los unos con los otros, aún si estamos enfrentados, privilegiando el diálogo, privilegiando el amor por México. Quizá nos lleve tiempo, pero no será tiempo desperdiciado, será el tiempo mejor empleado no solo para mejorar nuestro país sino retomar la confianza en nuestras autoridades y por ende, en nosotros mismos.