La gran deuda de este México que ha transitado a la democracia ha sido el respeto a la ley y la procuración de justicia. Como bien lo escribió Jorge G. Castañeda en su
libro ‘Mañana o pasado’, nuestra sociedad creció acostumbrada a respetar la ley a medias desde los mismos tiempos de la Conquista cuando era complicado para el monarca español imponer su autoridad desde un lugar tan distante. La aplicación de la ley, apunta Castañeda, se hacía por súbditos que a veces la consideraban injusta y se perdonaban las infracciones porque era “demasiado severa”. A lo largo de la semana, los campechanos vimos violaciones flagrantes de la ley cuando trabajadores sindicalizados y eventuales privaron a la ciudadanía de un servicio público (basura), se apropiaron de bienes del Ayuntamiento y vandalizaron un lugar catalogado patrimonio cultural.
Desafortunadamente desde hace mucho tiempo nos han acostumbrado a ver este tipo de delitos en la ciudad sin que nadie sea castigado, y si se llega a aplicar la ley (como ocurrió contra el ‘líder social’ Luis Antonio Che Cú hace año y medio), entonces la autoridad es injusta y represiva. ¿Cuántas veces no hemos visto al propio Che Cú o a los integrantes de Antorcha Campeche –por mencionar algunos- imponer su ley y seguir protestando impunemente por las calles? Hace un poco más de un mes, líderes de la colonia 20 de Noviembre destruyeron parte del Palacio de Gobierno y fueron sentenciados a varios años de prisión. La pregunta es ¿se aplicará la ley con el mismo rigor, tras los hechos suscitados en el Ayuntamiento?
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