
En la “fijación” de las preferencias electorales, a lo largo de la contienda, que recogen todas las encuestas que se han publicado, considero no se ha dado la importancia que merece al hecho de una campaña de 90 días y ya no de 180 días. Esa diferencia de tiempo es una condición que explica en buena medida por qué no se mueven de manera significativa los números de la elección.
Sucede algo semejante a lo que ocurre en las carreras de 100 metros planos. Un arranque bueno o malo determina el resultado de la carrera. La distancia es tan corta que una mala salida, con corredores competitivos y en igualdad de condiciones, hace muy difícil, en realidad imposible, que pueda superarse el error y acortarse la distancia.
En una carrerea de 400 u 800 metros planos es factible, con un gran esfuerzo, superar la deficiencia de un mal arranque, para emparejarse con los que salieron bien e incluso terminar por hacerse de la victoria. Esto es lo que ocurrió en la elección presidencial del 2000 y 2006. Los candidatos que “arrancaron” perdiendo terminaron ganando.
Vicente Fox (PAN) hacia el día noventa, a la mitad de la campaña, empató al candidato Francisco Labastida (PRI) al que noventa días después, al final de la contienda, pudo superar por más de seis puntos en 2000. En 2006 lo mismo ocurrió con Felipe Calderón (PAN) que empató a Andrés Manuel López Obrador (PRD) hacia el día 90, para terminar ganando con ventaja de sólo 0.52 puntos.
El candidato Enrique Peña Nieto (PRI), de acuerdo a todas las encuestas publicadas, arrancó con una diferencia de alrededor de 20 puntos sobre Josefina Vázquez Mota (PAN) y Andrés Manuel López Obrador (PRD) y en noventa días de campaña, así lo registran los últimos sondeos, ha perdido seis puntos, para llegar a la recta final con una distancia que ronda en los 14 puntos.
Todo señala que en un tiempo más corto, el de 90 días, que es un logro de la Ley Electoral, el candidato que entra con una diferencia clara sobre los otros competidores, como en la carrera de los 100 metros planos, tiene ventaja sobre los otros y resulta prácticamente imposible que se le alcance. Se dispara y avanza con el impulso de la salida. Para mantenerse solo tiene que seguir esa inercia y evitar trastabillar.
En estas mismas páginas he ofrecido ya algunas ideas para tratar de explicar el porqué los números de las preferencias electorales no se mueven de manera significativa. Pienso, después de los días trascurridos, que el factor tiempo resulta determinante en independencia de la fuerza de cada candidato y el desempeño de los mismos a lo largo de la contienda. Se pude ser un corredor de 100 metros planos tan bueno como el que ganó, pero perder la carrera. La diferencia, entre iguales, lo hace la salida.
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