Rubén Aguilar Valenzuela
Convicciones
Rubén Aguilar Valenzuela
Licenciado en filosofía, maestro en sociología y estudios de doctorado en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana. Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). Ha publicado una quincena de libros sobre temas relacionados con la educación y el análisis económico, político y social.
@RUBENAGUILAR

La derrota del PRD

Voces, Miércoles 11 julio, 2012 a las 7:59 am

Una vez más Andrés Manuel López Obrador fracasó en su intento por conseguir la presidencia de la Repú­blica. No está claro si irá a un tercer intento como ya lo hizo Cuauhtémoc Cárdenas o en Brasil Lula que ganó en la cuarta ocasión que se presentó como candidato a la presidencia. El hecho es que por segunda ocasión el perredista no consiguió convencer a la mayoría de los votantes.

No está en duda que López Obrador avanzó a lo lar­go de las semanas de campaña, pero el haber reducido sus negativos y aumentado su intención de voto en torno a los ocho puntos, no fueron suficientes, a pesar de la caída de Josefina Vázquez Mota, para alcanzar a Enrique Peña Nieto que a lo largo de la contienda perdió unos cinco puntos.

El PRD tendrá que evaluar lo que sucedió y de­cidir si llegó la hora de proponer otro candidato, aunque faltan todavía seis años, o en la contienda del 2018 volverá a ser López Obrador. Una primera conclusión es que el cambio de actitud de un candi­dato rijoso a uno conciliador, le dio resultado en un sector de la población, pero la mayoría no terminó de creerle su transformación.

La plataforma programática de López Obrador per­maneció sin cambios y cada vez parece estar más lejos de responder a las tendencias mundiales y a las nuevas exigencias de la realidad del país. En lo fundamental su propuesta, donde nunca estuvieron presentes los verdaderos cómo, sigue la línea del “nacionalismo re­volucionario” del presidente Luis Echeverría, ahí están los textos para probarlo.

El país demanda una izquierda real, moderna y pragmática, y no una que se refugie en viejas ideas priístas, rechazadas por ese mismo partido, que re­cogió un grupo de expriistas, al que pertenece López Obrador, para fundar una nueva alternativa. Si él hu­biera planteado, por ejemplo, la política petrolera de Brasil o Noruega, habría tenido más votos, pero tam­bién si anunciaba que imitaría la política fiscal del go­bierno socialista de Ricardo Lagos en Chile, en lugar de decir que no aumentaría los impuestos.

Solo el PRD puede decidir el camino a seguir, pero si quiere convertirse en una alternativa ganadora debe deshacerse de una buena parte de los cuadros que hoy continúan en la dirección nacional y en los estados y de la alianza con fuerzas políticas también herederas del “nacionalismo revolucionario” priísta como Movi­miento Ciudadano (MC) y el Partido del Trabajo (PT), que la adoptó después.

Hay una nueva generación de perredistas, señala­damente Miguel Mancera, que arrasó en el Distrito Federal, pero también Mario Delgado, Armando Ríos Piter y Marcelo Ebrard, que han demostrado ser una izquierda que no provoca rechazo y sí concita la sim­patía y el voto de sectores mucho más amplios de los que hasta ahora han votado por el PRD. Todo indica que ese PRD sí tiene futuro.