
-Qué dices de Alito, ¿deveras no crees que llegue?, reportero, preguntó Manolo retomando la charla.
-No, no digo eso. Digo que Alito está atado. Si las cosas pasan como muchos vemos, no podrá moverse con esa libertad con que lo ha hecho. Tiene que guardar las formas. Para él, un mejor escenario hubiera sido la derrota de Peña porque no tendría correa, hoy desde el Congreso sí la tiene y si se equivoca…
-Pues no comparto esa visión. Creo que precisamente por sus resultados él sabe que llegará porque así lo ha hecho: fue líder universitario, síndico, diputado federal, senador, ahora diputado federal otra vez. Es un personaje que yo veo bien, que puede colarse.
-No creo que se cuele, creo que si llega será por él, pero no creo que tenga aún la madurez para ser gobernador. Hay ejemplos muy claros de lo que pasa con ese ímpetu: Roberto Borge en Quintana Roo no deja de hacer estupideces, Ivonne Ortega es repudiada por los yucatecos, Javier Duarte tampoco anda muy bien en Veracruz; creo que la juventud y el ímpetu de Alejandro es correcto, pero no de la manera cómo lo maneja, pero es definitivamente uno de los que vale la pena ver.
-¿Y Garo?, por lo que se ve, presidirá el Congreso.
-Es lo que se ve. No llega Roberto Sarmiento y eso le despeja el camino a Garo. Ojalá haga un excelente papel, que se dedique a trabajar, que sea un Congreso mejor al que lideró Víctor Méndez y que mejoró con el arquitecto, pero ahí también habrá que domar a muchos potros acelerados, ayudar a madurar a otros y no será fácil. Varios parecen más dinosaurios que sus abuelos.
-¿A qué le atribuyes que anden así? No se están guardando las formas, periodista. Parece que les urge que termine Fernando Ortega y apenas va por su Tercer Informe.
-El país va muy rápido, Manuel, pero muchos creen que ser gobernador es enchílame esta gorda y no, no es tan así y vaya que en Campeche hemos perdido el tiempo. Hoy, si no hubiera llegado Fernando, el campo estaría peor, no habría todo ese trabajo en los municipios y en las comunidades que se dejaron abandonadas doce años.
-No te vayas por la tangente. Estamos hablando de los posibles. ¿Y dónde dejas a Sarmiento?, ¿Ya no ves a Gabriel Escalante?
-Roberto es víctima de sus éxitos: sin problemas como secretario de Gobierno, de hecho con un control sólido; extraordinario para el PRI en su chamba electoral, se ganó bien, pero al ganar así él quedó fuera del Congreso, aunque al ganar Peña es muy probable que lo veas de vuelta en la secretaría de Gobierno retomando su posición y su control. No lo pierdas de vista.
-Le darán vacaciones…
-No, no creo que se las den, seguirá chambeando mientras se reubica. Hay que esperar, vienen las comparecencias, luego el Informe y será entonces cuando empiecen los primeros movimientos. Después de la toma de posesión de Peña veremos el reacomodo de delegaciones y muchos rostros que no habíamos visto aparecerán si no es que nos llevamos varias sorpresas en el gabinete de Peña.
-¿A poco hay campechanos cercanos al nuevo Presidente?
-Más de los que te imaginas y no tienen nada que ver con Alito. Son gente que está relacionada con Peña desde hace muchos años y no por casualidad sino por trabajo, por amigos de infancia y de escuela y por trabajo político y familiar.
-Estás hablando del Chelito…
-Sí, Oscar es uno de los amigos cercanos de Enrique. Se hablan por sus nombres, se llevan bien desde hace muchos años, tienen varios amigos comunes desde la infancia. Recuerda que Don Rafael estuvo en primerísima fila y sus relaciones fueron de primer nivel y las de sus hijos por lo consiguiente.
-Dicen que Chely también es cercana.
-Efectivamente, por eso viste la campaña inmisericorde contra la alcaldesa carmelita. Más de uno la veía como candidata y le pegaban para bajarla, para hacerla a un lado, pero ya verás cómo va a cerrar. Más de uno se quedará con el ojo cuadrado. Chely es una mujer honesta y vaya que ha trabajado.
-Se ve que es tu amiga…
-No sólo ella, Manuel. Pero la verdad aunque se quiera endulzar es la verdad y no se puede ocultar. Los hechos son los que hablan y por esos hechos Salomón es querido en el interior del Estado, aunque aquí haya pesado la campaña en su contra; muchos salen a decir que no ven resultados, pero no por no verlos no están ahí. El mayor defecto y el peor desliz de muchos gobiernos es que no saben vender bien su obra, no la saben promover. Unos por modestia, otros por torpeza, otros porque saben que es su deber hacerlo aunque no hayan aplausos.
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