Rubén Aguilar Valenzuela
Convicciones
Rubén Aguilar Valenzuela
Licenciado en filosofía, maestro en sociología y estudios de doctorado en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana. Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). Ha publicado una quincena de libros sobre temas relacionados con la educación y el análisis económico, político y social.
@RUBENAGUILAR

¿Por qué solo invalidar parte de la elección?

Voces, Lunes 13 agosto, 2012 a las 9:59 am

La demanda de Andrés Manuel Lopez Obrador de in­validar solo parte de la elección, la que le afecta a él, resulta una petición incongruente sino que absurda. Si sostiene que la elección es inconstitucional vale para el conjunto de la misma y no para un tramo en lo particular.

Habría, pues, que pedir con la misma intensidad la anulación de la votación para senadores y diputa­dos. Si no vale una tampoco valen las demás. Habría también que pedir la anulación de las elecciones a go­bernador incluso donde ganó la alianza PRD-PT-MC.

El electorado, supuestamente “comprado” por el PRI, no pudo haber votado, en la misma jornada, de manera consciente y libre por senadores, diputados y gobernadores y hacerlo en condición de “manipu­lado” solo al votar por presidente. El argumento no se sostiene.

Si López Obrador es congruente tendría que pedir la anulación de toda la elección y no solo la presiden­cial. No se atreve a hacerlo porque sabe que los dipu­tados y senadores electos del PRD-PT-MC no están dispuestos a renunciar a sus nuevos cargos y se rebla­rían. Tampoco lo harían los gobernadores.

Él sabe que en ese momento todos los que ahora lo apoyan, ya como senadores y diputados con cons­tancia de ganadores, le darían la espalda y lo dejarían solo. Ellos no están dispuestos a llegar hasta allá en “seguimiento” del candidato derrotado.

Es por eso que no pide la anulación de toda la elec­ción. No quiere verse abandonado de sus seguidores y poner en cuestión su candidatura para el 2018. Sabe bien cuáles son los límites en los que se mueve y actúa en la lógica de la racionalidad política, que le permita mantenerse como víctima y líder.

El recuento de los votos reveló que en las urnas no se registró ningún fraude. No lo hubo para diputados y senadores, pero tampoco para gobernadores y pre­sidente. Si a pesar de la evidencia, López Obrador se mantiene en que hubo fraude debe solicitar a los di­putados y senadores del PRD-PT-MC que renuncien a sus nuevos cargos. Eso sería lo congruente.

Si la elección es fraudulenta lo es de manera inte­gral y ningún diputado y senador del PRD-PT-MC, tampoco gobernador, debería asumir su cargo. Si lo hacen avalan el conjunto de la elección e implica reco­nocer sus triunfos, pero también el de los demás, que incluye el del presidente. Esa es la realidad.

Los senadores, diputados y gobernadores del PRD-PT-MC están seguros que ellos ganaron. No tienen ninguna duda de que fue así, incluso los plurinomina­les. ¿Por qué entonces dudar ganó Peña Nieto y per­dió López Obrador? Sólo hubo una elección y unos votantes.

López Obrador sabe no tiene pruebas sólidas, más allá del registro de prácticas perversas que utilizan todos los partidos para llevar a la gente a votar, para “mostrar” que la elección fue inconstitucional, pero está “obligado” por sus aspiraciones presidenciales al 2018 seguir en su “lucha” y así se mantendrá en los próximo seis años.