
Felipe Calderón señaló a los consejeros panistas que es lamentable que hayan caído en la “onda grupera” y que haya un control corporativo del padrón de militantes por parte de ciertos liderazgos locales.
Presidente del PAN entre 1996 y 1999, el todavía presidente de la República afirmó que uno de los principales problemas que enfrentan los panistas es que pequeños grupos controlen el padrón para ganar convenciones, designar dirigencias y obtener candidaturas y los urgió a emprender las reformas que sean necesarias para corregir esos vicios.
Lo anterior es parte de la información que publican diferentes medios, la parte coincidente, sobre la participación del Primer Mandatario en el Auditorio Manuel Gómez Morín, de la sede del PAN nacional el sábado, cuando 289 consejeros nacionales se reunieron para analizar el motivo de la derrota estrepitosa en los pasados comicios.
No sé en cuántos estados el discurso presidencial sea un saco a la medida, pero lo es para Campeche.
Si en algún sitio se pervirtió a los consejeros ha sido en Campeche con una práctica política que inició Jorge Nordhausen González al tomar el control del partido. Por desgracia, nadie llegó para cambiar esa funesta práctica, al contrario, la alimentaron, la promovieron y hasta la presumieron como si fuera algo digno.
De poco sirve enumerar los diferentes grupos del PAN campechano. La verdad es que son muchos y los hubo desde siempre, pero le apostaron a aglutinarse en el que vieron como el más fuerte, el que más prometía y más dinero podía ofrecerles.
Así, el panismo se aglutinó alrededor de la familia Mouriño, un clan que encabezó Juan Camilo en su meteórica carrera por diferentes cargos, empezando por su victoria de mayoría para la diputación por el 5º Distrito Local.
Carismático como no hay nadie ahí hoy, Iván se convirtió en líder del grupo más grande y más poderoso. Aglutinó gente que tenía años en el PAN, se deshizo de muchos otros y otros, varios, trataron de chantajear para seguirlos.
Hubo algunos que se dieron cuenta que era época de vacas gordas, otros que lamentaron que ya no podían seguir vendiendo la siglas, y otros más que con el apoyo de su primer cargo y de su primer roce político, pensaron que eran imbatibles, les ganó la soberbia y no pensaron en alianzas sino en destrucciones.
Voy a destruir a Juan Camilo, le dijo al reportero Jorge Nordhausen al salir de una cena en el restaurante Los Girasoles, al lado del Senado de la República. Le voy a dar clases de humildad, decía como si él supiera de eso.
Iván murió en la cima del poder político siguiendo su misma línea, esa que muchos de los que decían estar con él abandonaron, se dividieron y poco o nada aprendieron de quien sólo quiso, desde su personal visión, encabezar una nueva forma de hacer política.
Hoy, con pena, vemos el espectáculo dantesco de un Nordhausen con Peña y luego de regreso al PAN, de muchos de sus seguidores oponiéndose a quienes los acompañaron antes, a quienes se decían parte de un grupo tratando de liderarlo como si fuera líderes, como si el liderazgo se heredara.
Tiene mucha razón Calderón cuando dice que todos tienen su parte de culpa: unos más, otros menos, pero todos son responsables de habernos vendido a la sociedad una idea de que con ellos vendría un mejor país, una mejor manera de hacer política, un respeto a la legalidad y una visión basada en el servicio a todos y el bien común.
Nos mintieron. Replicaron lo peor del PRI, clonaron lo más detestable del PRD y nos dejaron ver su verdadera cara de ambición, de mezquindad y de arrogancia, esa que a ratos se convirtió en avaricia corrompida.
La traición entre ellos mismos afloró, la falta de gratitud también y encontraron en la compra de conciencias una mina de oro para sostenerse en la toma de decisiones, para ser parte de la dictadura burocrática que sólo sabe quedarse con los cargos, con el presupuesto.
La gente cae para aprender de sus errores, para levantarse, para enmendarlos y hoy, en Campeche, lástima, no se ve que haya humildad, que puedan aceptar sus errores y menos que aspiren a ser diferentes.
Los discursos podrán engañar a muchos, podrán hacernos creer que hay arrepentimiento, pero sus actos serán los que nos digan quiénes son en verdad. Sólo hace falta esperar, nada más.
PD
Que con eso de los relevos en el gabinete, más de uno ha provocado comentarios para autopromoverse. Así que hay varios secretarios de Gobierno y muchos delegados que sin serlo, dicen que ya están enlistados.
Felipe Calderón señaló a los consejeros panistas que es lamentable que hayan caído en la “onda grupera” y que haya un control corporativo del padrón de militantes por parte de ciertos liderazgos locales.
Presidente del PAN entre 1996 y 1999, el todavía presidente de la República afirmó que uno de los principales problemas que enfrentan los panistas es que pequeños grupos controlen el padrón para ganar convenciones, designar dirigencias y obtener candidaturas y los urgió a emprender las reformas que sean necesarias para corregir esos vicios.
Lo anterior es parte de la información que publican diferentes medios, la parte coincidente, sobre la participación del Primer Mandatario en el Auditorio Manuel Gómez Morín, de la sede del PAN nacional el sábado, cuando 289 consejeros nacionales se reunieron para analizar el motivo de la derrota estrepitosa en los pasados comicios.
No sé en cuántos estados el discurso presidencial sea un saco a la medida, pero lo es para Campeche.
Si en algún sitio se pervirtió a los consejeros ha sido en Campeche con una práctica política que inició Jorge Nordhausen González al tomar el control del partido. Por desgracia, nadie llegó para cambiar esa funesta práctica, al contrario, la alimentaron, la promovieron y hasta la presumieron como si fuera algo digno.
De poco sirve enumerar los diferentes grupos del PAN campechano. La verdad es que son muchos y los hubo desde siempre, pero le apostaron a aglutinarse en el que vieron como el más fuerte, el que más prometía y más dinero podía ofrecerles.
Así, el panismo se aglutinó alrededor de la familia Mouriño, un clan que encabezó Juan Camilo en su meteórica carrera por diferentes cargos, empezando por su victoria de mayoría para la diputación por el 5º Distrito Local.
Carismático como no hay nadie ahí hoy, Iván se convirtió en líder del grupo más grande y más poderoso. Aglutinó gente que tenía años en el PAN, se deshizo de muchos otros y otros, varios, trataron de chantajear para seguirlos.
Hubo algunos que se dieron cuenta que era época de vacas gordas, otros que lamentaron que ya no podían seguir vendiendo la siglas, y otros más que con el apoyo de su primer cargo y de su primer roce político, pensaron que eran imbatibles, les ganó la soberbia y no pensaron en alianzas sino en destrucciones.
Voy a destruir a Juan Camilo, le dijo al reportero Jorge Nordhausen al salir de una cena en el restaurante Los Girasoles, al lado del Senado de la República. Le voy a dar clases de humildad, decía como si él supiera de eso. Iván murió en la cima del poder político siguiendo su misma línea, esa que muchos de los que decían estar con él abandonaron, se dividieron y poco o nada aprendieron de quien sólo quiso, desde su personal visión, encabezar una nueva forma de hacer política.
Hoy, con pena, vemos el espectáculo dantesco de un Nordhausen con Peña y luego de regreso al PAN, de muchos de sus seguidores oponiéndose a quienes los acompañaron antes, a quienes se decían parte de un grupo tratando de liderarlo como si fuera líderes, como si el liderazgo se heredara.
Tiene mucha razón Calderón cuando dice que todos tienen su parte de culpa: unos más, otros menos, pero todos son responsables de habernos vendido a la sociedad una idea de que con ellos vendría un mejor país, una mejor manera de hacer política, un respeto a la legalidad y una visión basada en el servicio a todos y el bien común.
Nos mintieron. Replicaron lo peor del PRI, clonaron lo más detestable del PRD y nos dejaron ver su verdadera cara de ambición, de mezquindad y de arrogancia, esa que a ratos se convirtió en avaricia corrompida.
La traición entre ellos mismos afloró, la falta de gratitud también y encontraron en la compra de conciencias una mina de oro para sostenerse en la toma de decisiones, para ser parte de la dictadura burocrática que sólo sabe quedarse con los cargos, con el presupuesto.
La gente cae para aprender de sus errores, para levantarse, para enmendarlos y hoy, en Campeche, lástima, no se ve que haya humildad, que puedan aceptar sus errores y menos que aspiren a ser diferentes.
Los discursos podrán engañar a muchos, podrán hacernos creer que hay arrepentimiento, pero sus actos serán los que nos digan quiénes son en verdad. Sólo hace falta esperar, nada más.
PD
Que con eso de los relevos en el gabinete, más de uno ha provocado comentarios para autopromoverse. Así que hay varios secretarios de Gobierno y muchos delegados que sin serlo, dicen que ya están enlistados.
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