
Todos critican, acusan, señalan. Todos hablan de los nuevos cambios, de los puestos “reloaded”, todos intentamos leer entre líneas, que si es con visos a 2015; que si porque son de confianza; que si hay facturas políticas; que si los grupos políticos enfrentados ya se aliaron contra otro por venir.
Jorge G. Castañeda y yo hemos publicado Los saldo del narco: el fracaso de una guerra (Punto de Lectura, 2012). El texto analiza los saldos de la guerra de estos seis años, demuestra que las premisas de la misma, planteadas por el presidente Calderón, no se sostenían y propone los caminos para enfrentar, en el marco de una estrategia distinta, el problema del narcotráfico.
El texto ofrece una revisión y pone al día las cifras y estadísticas relacionadas con el consumo de las drogas, el incremento de la violencia, los homicidios, la violación de los derechos humanos y la percepción de la ciudadanía sobre la estrategia implementada por el gobierno.
La estrategia adoptada por el presidente cuando decreta la guerra contra el narco, el 11 de diciembre de 2006, iba en sentido contrario a la tendencia mundial, que propone abandonar el enfoque punitivo y prohibicionista para enfrentar el problema desde el ámbito de la salud pública.
Ahora, seis años después, se hace todavía más evidente y en este tiempo ha crecido el número de los políticos y especialistas que piensan que la estrategia de guerra es un fracaso, que no se puede ganar y que los costos de liberarla resultan inútiles y son descomunales.
Sostenemos que antes de haber declarado la guerra “debió ser evidente para el presidente y sus colaboradores que los países consumidores, de manera particular nuestro vecino del norte, no se ha planteado la necesidad de una guerra como la que él se propuso, y no están dispuestos, bajo ningún precio, a emprenderla. Son conscientes de que los costos y daños de la misma son muy superiores a sus posibles beneficios”.
Planteamos también que a pesar de lo anterior y cuando en México “el consumo de las drogas era muy bajo, de que se vivía la menor violencia de la historia del país y la menor penetración del narco en las instituciones del gobierno, Calderón optó, sin necesidad y fundamento, por la guerra” bajo la ilusión, como lo anunció en un primer momento, de que con ésta lograría terminar con los cárteles, la violencia y el consumo de las drogas.
Con datos del propio gobierno y organismos internacionales, argumentamos que “al concluir el sexenio, no ha ocurrido nada de lo prometido; los problemas permanecen tal cual o se agravan, y surgen otros de carácter colateral, incluso mayores que los que se pretendía resolver”.
No nos quedamos sólo en la crítica y en el último apartado del libro proponemos lo que para nosotros, asumiendo lo que proponen ex presidentes de América Latina y también académicos de todo el mundo, sería el camino a seguir para hacer frente de manera inteligente, realista y factible al problema. Somos conscientes de que se trata de un tema polémico que despierta todo tipo de críticas y pasiones. Estamos abiertos al diálogo y la discusión.
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