Francisco López Vargas
Editorial
Francisco López Vargas
Analista Político, conductor y productor en Telesur, y colaborador de EL EXPRESO desde su fundación. Estudió Comunicación en el Instituto de Ciencias Sociales de Mérida.
@elnegrito_63

¡Gracias!

Voces, Martes 27 noviembre, 2012 a las 10:38 am

He leído con detenimiento los análisis de la gestión de Felipe Calderón. Desde los que van acompañados de una cantidad inútil de cifras hasta los que el hígado dictó. Es normal, los gobernantes nunca dejarán satisfechos a todos y mal harían, como intentó Fox, de tratar de gobernar con la encuesta de popularidad en la mira.

En doce años de panismo, los seis años de Vicente Fox fueron los más desperdiciados: todo el respaldo popular, un adversario aturdido por la derrota. Era el momento de emprender todo, de ser osado, audaz. Fox fue mediocre, un timorato cobarde sin el valor de intentar siquiera cambiar el país.

Calderón recibió un país desesperado. Harto de la inacción de su antecesor, de la falta de justicia y de orden para quienes habían saqueado México.

Sin ser lo mejor ni lo más recomendable, la tradición política mexicana recomendaba sangre. Esperaba ver a las tepocatas y a las víboras prietas en prisión, pagando el saqueo, el despojo. No fue así. Los problemas se dejaron de resolver, crecieron, se agrandaron, se enconaron.

Una vez más se envió el mensaje de que en México se podía robar y no pasaba nada, que se podía exhibir el hurto y nadie lo condenaría. Fox perdonó a Francisco Labastida y el robo de mil millones a Pemex, perdonó a Romero Deschamps, a Carlos Almada López, a Beatriz Paredes, a Emilio Gamboa, autores del saqueo de esa campaña. No hubo peces gordos en la red y menos en la mesa de la mujer de la balanza y la espada.

Pero cada quien habla de como le fue en la feria. ¿Cómo trató el gobierno de Fox a Campeche? Igual que el gobierno de Campeche lo trató a él: con amenazas de sacarlo a patadas. Y ni la desgracia del huracán fue suficiente: hubo un solo responsable de que nada llegara, que nada creciera, de que se nos olvidara por completo: Antonio González Curi, quien privilegió su miope visión política a la de la defensa con argumentos de las necesidades de los campechanos.

En México, una relación se tejía en el Congreso: en la Cámara de diputados, Felipe Calderón coordinaba a los diputados panistas con su amigo Juan Camilo Mouriño. En la contraparte, el campechano Rafael Rodríguez Barrera llevaba la de los priistas, era la legislatura de 2000 a 2003 la de inicio del gobierno foxista.

Iván, el hombre de confianza de Calderón, negociaba y se entendía en mucho con su paisano. Eran los días de jalar y estirar para lograr acuerdos, de llevar la fiesta en paz. Luego Rodríguez Barrera se iría de delegado del CEN del PRI para sacar candidato a gobernador y Calderón se iría primero a Banobras y luego a la secretaría de Energía, de donde saldría para ser candidato presidencial a pesar de Fox, quien ya privilegiaba la precampaña de Santiago Creel.

Las relaciones de Iván y del Chel serían fundamentales en la candidatura de Calderón y reforzarían ese apoyo que siempre distinguió para los campechanos. En lo personal, Margarita Zavala y Felipe Calderón decían que dos de sus mejores amigos eran campechanos y así retribuyeron sus afectos.

A Campeche, lo hemos escrito antes, le fue bien con Calderón y pudo haberle ido mejor si no hubiera habido a la tragedia del 4 de noviembre de 2008. Queda claro que el impulsor de muchos beneficios para la entidad fue Iván y que el presidente Calderón siempre consintió que se apoyara a la entidad. No importaba que fuera gobernada por un partido distinto al suyo.

Desaprovechados muchos apoyos y ocultos muchos otros, Jorge Carlos Hurtado Valdez nunca hizo público el papel que Juan Camilo jugó en su gobierno. Mouriño tampoco hablaba mucho al respecto, pero es constatable en la cantidad de obras y recursos que se destinaron a la entidad y que la mejor época económica fue durante 2007 y 2008, antes de la muerte del ya secretario de Gobernación.

Calderón privilegió ese trato, pero la ausencia de Iván no evitó que Hurtado y Santiago Pérez Aguilar se confrontaran con la Federación, en el momento en el que se habían logrado mejores apoyos para la entidad.

El caso llegó al extremo que los funcionarios de Calderón prácticamente depositaron en la basura las propuestas de Hurtado y Pérez Aguilar por haber violado una relación benéfica para Campeche y promover una controversia constitucional que finalmente perdieron.

Calderón se fue como Presidente el sábado y ya volverá como ciudadano, mientras tanto aquí si hubo apoyo, sí hubo obra y sí hay gratitud porque no sólo se conservó la seguridad sino que se dio más que a muchas otras entidades. Lástima que no se supo lograr más. Aún así: ¡Gracias, Presidente!