
Vaya que Felipe Calderón le dejó alta la estafeta a Enrique Peña Nieto en el tema de infraestructura, salud y en el de la economía del país. Según la encuesta de Gabinete de Comunicación Estratégica, Calderón tiene calificaciones que no se veían en muchos años y aunque polariza en el tema de la seguridad, no queda duda de que hacer lo que es obligación no siempre se toma a bien.
Pero Peña llega en medio de una crispación social que poco a poco se ha ido diluyendo. Error, y grave, la seguridad erigida alrededor de San Lázaro para la toma de protesta no sólo por la excesiva anticipación, sino también porque si en algún sitio no quieren al PRI es en el Distrito Federal y, por lo mismo, debió operarse con mayor fineza con más cuidado.
Al final, aunque haber corregido es lo correcto y envía un buen mensaje, no puede dejar de verse como un primer tropiezo.
Sin embargo, lo realmente fundamental no es sólo esa visión de que un presidente puede hacer lo que se le dé la gana porque ya no es así, sino saber si ciertamente Peña tiene claro qué es lo que si realmente debe de hacer, lo importante, lo fundamental y pareciera que no hay vuelta de hoja: aterrizar la excelencia macroeconómica que vive el país entre la población y evitar que la visión de que llega la corrupción y la impunidad a gobernar sea desterrada.
Me dicen algunos amigos que no pareciera coherente de mi parte concederle tanto a Peña. No es concesión. Sigo pensando como hace meses que no merecía ganar la presidencia, pero también tengo claro que aunque no me guste es una decisión que no puedo cambiar y que el país no soportaría más años como los recientes en la que los propios priistas se encargaron de llenarle de piedras al gobierno, como no era el de ellos. Ni qué decir de López Obrador y su ya ex PRD.
Lo mejor que pareciera pasarle al país es que, como se ve, hay una intención seria de hacer pactos, de hacer acuerdos y vaya que nos hacen falta para poder avanzar. No podemos negar que estamos estancados, pero tampoco que es responsabilidad de todos y del gobierno al que le faltó la capacidad de convencer a los que era imposible tener de su lado porque sólo querían ganar.
Los priistas le apostaron a que el PAN no lograra sus reformas, cedieron las menos, y trabaron las más como quedó claro con la ley laboral que; hay que recordarlo, estaba lista antes del inicio de la campaña presidencial y se empantanó por el cálculo político.
Hoy, será necesario transitar caminos que quizá no gusten, pero que se han evadido desde hace sexenios: IVA generalizado en alimentos y medicinas, reducción y eliminación de subsidios, modificar el régimen fiscal de Petróleos Mexicanos, revisar el tema de seguridad social y los fondos de pensiones.
En síntesis: reformas fiscales y energéticas, además de consolidar la certeza para la inversión porque sólo así se robustecerá la generación de empleos. Enrique Peña ganó y ganó bien: tres millones de votos de diferencia, aunque todavía tengamos en mente si para ello se actuó con absoluto apego a la ley, lo que no consta plenamente y se sostiene el tufo de la coacción.
Si con Calderón a Campeche le fue mejor que con otros presidentes, con Peña, de acuerdo con lo prometido, le debe de ir de lujo. No podemos pedir, exigir menos sobre todo porque, nos consta y está registrado, se nos ofreció el oro y el moro, aunque hay que decir que hubo mañosidades como la del nuevo Puente de la Unidad y otro par de promesas que ya estaban amarradas con antelación, las necesidades de la entidad siguen siendo apremiantes para detonar el desarrollo de una entidad que le ha aportado muchísimo al pacto federal.
Pero no sólo se espera que le dé a Campeche una retribución justa, sino también al menos se consoliden las posiciones políticas que el PAN le dio a campechanos en Pemex como la gerencia de Desarrollo Social, que tuvo Yolanda Valladares; la Contraloría de PEP, que condujo Karim Elías Bobadilla; Mario Ávila, subdirector de servicios marítimos –las compras y contratos; y el área jurídica y legal de la paraestatal.
Está difícil que Peña nos dé un nuevo secretario de Gobernación, pero sí se habla, esto como netamente especulación, de que Jorge Carlos Ramírez Marín de llegar a la Secretaría del Trabajo, invitaría a Oznerol Pacheco Castro a sumarse a esa dependencia, mientras que Emilio Chuayfet, si fuese secretario de Educación, invitaría a Enrique Escalante Arceo.
¿Quién sabe?, pero sí es seguro que este viernes por la tarde sabremos un poco más. Esperemos.
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