La próxima entrega del Premio Campeche al banquero Roberto Hernández está generando polémica: por un lado la izquierda que denuncia el pasado del empresario, y por otro, la defensa del reconocimiento por parte del oficialismo. Para que una parte tenga más razón que otra se necesitan argumentos claros. El debate protagonizado el martes en el Congreso con respecto a la entrega del reconocimiento –que se creó como parte de los 150 años del nacimiento de Campeche como Estado- mostró una debilidad de argumentos que solo pudo provocar más confusión entre la opinión pública. La izquierda basó sus críticas en descalificaciones y acusaciones de corrupción contra el próximo galardonado. La trayectoria de Roberto Hernández está documentada en decenas de libros y archivos hemerográficos. Ciertamente, ha sido un empresario polémico, pero sus aportaciones, se insiste, pueden consultarse en documentos que datan desde 1990.
El oficialismo, a su vez, tampoco han presentado argumentos contundentes para justificar el Premio Campeche. Ninguna prueba más justificable y válida que enumerar las aportaciones financieras –o culturales- a nuestra entidad y ponerlas a la vista de todos. Muchos de nuestros políticos acostumbran hacer eco de los mensajes de sus líderes y para una parte de la izquierda, desde la década pasada se ha repetido el discurso de que Hernández se benefició del rescate financiero de mitad de los años 90.
No solo fue Hernández, fueron decenas de banqueros y empresarios. Por supuesto que si el personaje hubiera sido campechano, también habría polarización de posturas.
TUMBABURROS
Código líder (Adj.). Título de un encomiable ciclo de conferencias de motivación a jóvenes preparatorianos y universitarios de un importante centro de estudios que busca formar a mejores profesionistas, esos que tanto necesita nuestro estado y no más políticos que solo hablan y hablan.
Reprobados (Adj.). Figura que está excluida para todo aquel niño que estudie hasta el tercero de primaria, según los lineamientos de la SEP. Decisión que puede tornarse un arma de dos filos al impedir por un lado el esfuerzo diario de los alumnos, y por el otro, la desmotivación de los docentes.
Resignación (Verb.). Encogimiento de hombros, indiferencia de lo que sucede alrededor. Figura presente entre los legisladores locales, que optan por cruzarse de brazos sin mover un dedo, mientras los alcaldes de nuestro estado se llenan los bolsillos sin que nadie se los pueda impedir.
-
Más de Brasil y México
En mayo pasado publiqué el artículo México y Brasil: Dos modelos. La comparación de estos países provoca polémica y reacciones...
-
La Reforma Agraria y la toma de edificios
El próximo mes se cumplen dos años del encarcelamiento del ‘líder social’ Luis Antonio Che Cu acusado de delitos ambientales....
-
Ahora nos toca cambiar la cultura
La empresa encargada de manejar el relleno sanitario y recoja de basura en el municipio de Campeche nos ha ofrecido...








Editorial
