
Empecemos por que soy uno de las personas más enamoradas de mi ciudad, de mi estado, de mi país. Ese amor lo llevo grabado a fuego en el corazón y en mi mente y es un recuerdo, también, del amor de mi padre a su ciudad, a su estado, a su país.
Pero como todo amor inmenso, es tal la luz que emana, que a veces nos ciega, literalmente, nos cegamos de amor y cuando amamos todo es perfección. No obstante, a veces necesitamos que alguien nos vea desde fuera de esa luz y nos dé una crítica constructiva, que nos abra los ojos, que nos enseñe que la perfección no existe, que todo es perfectible y que dejar de crecer es empezar a morir.
La directora de ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) Olga Orive Bellinguer nos da una opinión dura y cruda, nos pone como ejemplo de que le damos más valor a las piedras que a las personas. Dolió, pero lo hizo porque es verdad.
No creo que sea intencional, al contrario, creo que sentimos tanto orgullo por nuestra historia que nos volcamos sobre ella. De la reconstrucción de las murallas cada quien tiene su opinión, unos a favor, otros en contra.
Yo estoy a favor (aunque me tiren cada una de las piedras con las que están reconstruyéndola) y lo estoy por el egoísta motivo de ver el Centro Histórico en todo su esplendor.
De olvidar la verdadera historia de que éramos la única ciudad que la caballería de Díaz no podría tomar y por consiguiente se maniobró para derrumbar las murallas, así que, “por higiene” y porque le “quitaba la brisa a la gente” hubo que derruirlas. Pero aún cuando esté a favor de la reconstrucción, la crítica es que nos enfocamos en la caja y no en el contenido. La verdadera riqueza cultural y patrimonial de nuestra ciudad es y será siempre nuestra gente.
Quizá nuestro brillante amor está impidiendo que nuestra prioridad se ajuste a nuestra realidad. No debemos en ningún momento desechar la opinión experta, la crítica constructiva, no debemos por ningún motivo olvidar que siempre será más valioso un ser humano que todas las construcciones históricas de todo el mundo.
Desestimar una crítica porque no nos parece correcta nunca será el camino adecuado, por el contrario, debemos escuchar, mejorar y agradecer a quien nos la da. No es fácil, nuestra condición humana siempre nos pondrá a la defensiva, siempre nos hará negar la verdad en las palabras. Bueno, ni siquiera nos debería importar la intencionalidad con la que fue dicha sino que fue dicha. Somos Patrimonio Cultural de la Humanidad y es nuestra humanidad la que debe de prevalecer por encima de cualquier otro aspecto.
Primero las personas, después las personas y por último las personas. Nuestro Centro Histórico es de una belleza que quita el aliento, quizá lo sería más si no sólo fueran las fachadas sino el contenido, si esa belleza irradiara hacia el resto de la ciudad, si tuviéramos calles limpias y en buen estado, si no tuviéramos registros abiertos, si no tiráramos basura en nuestra ciudad, si pensáramos en el vecino tanto como pensamos en nosotros.
Las murallas fueron creadas para defendernos, las derruimos, ahora las estamos reconstruyendo pero las murallas son sólo piedras, deben estar afuera y no en nuestra mente. Debemos aceptar la crítica y mejorar, debemos dedicarnos a nuestra gente así como todos y cada uno de nosotros debemos dedicarnos a nuestra ciudad.
Desestimar una opinión es tapar el sol con un dedo y para tapar el sol con un dedo… hay que picarnos los ojos.
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Max Quiroz Ebergenyi



Palabras Altisonantes
