No que pasó el fin de semana en la Junta Municipal de Bolonchén de Rejón, municipio de Hopelchén, no es tan diferente de lo que sucedió en Iguala, municipio del estado de Guerrero. La reacción gubernamental a esos hechos, sí lo fue.
Tanto en Iguala como en Hopelchén, sea por las razones que sea, ora por nexos con la delincuencia organizada, ora por su desviada moralidad, fueron servidores publicos, pagados y organizados por el Estado, cuya tarea fundamental debía de ser proteger y dar seguridad a la población, quienes prácticamente ‘jalaron el gatillo’.
Y no se trata de comparar dos situaciones tan diametralmente opuestas. Campeche no tiene nada que ver con Guerrero ni Guerrero puede compararse con el clima generalizado de paz social que priva en Campeche desde hace décadas.
Pero defintivamente estamos ante dos hechos tan disímiles como equiparables, tanto en sus resultados como en las consecuencias: la muerte de personas a manos de servidores públicos y la iracunda y quizá justa reacción de los pobladores que, tanto en Iguala como en Hopelchén, tomaron oficinas guberbamentales, les prendieron fuego y exigieron la salida inmediata de las autoridades locales.
Pero aquí ocurrió algo que no sucedió nunca en Iguala antes de que la bomba estallara: la acción del Estado para investigar, sancionar y aplicar la ley. Mientras en Guerrero los nexos del gobierno con el crimen eran tan evidentes como para dejar pasar cualquier tipo de violencia, tan desgarradora como la desaparición forzada de 43 normalistas, aquí en Campeche se detuvo de inmediato a quienes osaron desvirtuar sus principios humanos y los principios y valores de la institución a la que sirven.
Mientras en Guerrero era y aún es notorio el vacío de poder, en Campeche se ejerció con autoridad, con legalidad y con justicia.
Nada le devolverá la vida al chenero pateado y golpeado salvajemente por tres policías municipales y tres estatales, pero la acción de la justicia, de la ley, de la legalidad, deben de ser tan contundentes como para que estos delincuencias con uniformes nunca más ejerzan el servicio público y se queden muchos años en la cárcel, donde no puedan causar más daño. Y también debe de servir de ejemplo, escarmiento y advertencia contra todo aquel que piense que Campeche es Guerrero o cualquier otro sitio en donde la ley es lo último que se toma en cuenta.
TUMBABURROS
Alcoholímetro (Sust común). Aparato para medir la cantidad de alcohol que ha ingerido una persona. Operativos que se realizan en días, horas y lugares clave para pillar a los irresponsables… aunque sirva para que algunos servidores públicos corruptos hagan de las suyas y abusen de los derechos de los ciudadanos.
Príncipe (Sust. común). Hijo del rey y heredero de la Corona. Personaje de gran valía política y económica que visitará nuestra entidad para recorrer algunos de sus atractivos… y también se sentará a charlar sobre su riquieza energética.
Sorpresa (Sust. común). Dícese de algo imprevisto o inesperado. Anuncio que autoridades están reservando pero que un diputado con afán de protagonismo soltó como si nada.




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