La señora Felina Naal, en el poblado de Nunkiní, municipio de Calkiní, siguió con la tradición del altar de muertos con sus respectivos panes y pibipollos. Foto: Robin Canul
Wilmer Delgado Rojas
Una actitud cabizbaja, con lágrimas en los ojos y en un ambiente de nostalgia, cientos de campechanos recorrieron ayer los panteones de la ciudad añorando a sus familiares ya fallecidos, pero vivos en la memoria, en el recuerdo, sobreviviendo al olvido, y aprovechando esta temporada como un vínculo entre el más allá y la realidad.
Pero si bien reinaba entre las tumbas y criptas un dejo de pesar y melancolía, la forma externa de la tradición era todo lo contrario: olores, sabores, colores se mezclaban entre sí y hacían sobreponerse a la fiesta sobre la tristeza.
Flores, veladoras, fotografías, oraciones se conjuntaron para rendir honor al hijo, al padre, a la madre, al abuelo, al hermano, al amigo que se adelantó en el camino de la eternidad pero que quedó grabado en la memoria.
Desde muy temprano, el cementerio del tradicional Barrio de San Román abrió sus pesadas rejas de hierro para recibir a cientos de familias. Quienes prepararon el día anterior las tumbas, se entregaron de lleno al recuerdo, a las anécdotas, a las charlas con los muertos con la certeza de que eran escuchados.
Otros, en cambio, se afanaban con la escoba y la franela, con los floreros y las flores, con la brocha y la pintura, para dejar, como cada año, hermosa y resplandeciente la morada última de sus seres queridos en esta tierra.
Las plegarias y los rezos se con
fundían unos con otros, uno que otro lamento, un lloro en voz alta, un sollozo de pesar, de tristeza.
“Son tradiciones que se van pasando de generación en generación, se llegan a los cementerios a recordar a los seres queridos; aunque se deben de recordar todos los días, no solamente esta fecha de Día de Muertos. Pero este día tiene un significado muy especial, hay algo distinto en los dos días de celebración, porque siempre estos días trae muchos recuerdos encontrados por el ser querido que ya se fue”, señaló Jorge Sandoval, uno de los ciudadanos que acudieron al panteón de San Román.
Para Conepción Fuente, se trata de “un homenaje a nuestros difuntos, para seguirlos recordando en muestra mente y espíritu, y fomentarle a las futuras generaciones que esta tradición es algo que se debe de seguir en la familia. En esta época se siente más añoranza por tus seres queridos que ya no están, pero se tiene que seguir con la semilla que ellos dejaron”.
En cambio, Candelaria Rivera se dijo segura de que, mientras viva en la memoria, sus familiares seguirán con ella. Por lo que “traerle flores, penderle veladoras y rezar sus rosarios y limpiar su tumba”, es algo que ayuda que se mantengan vivos.
“Aunque trae lágrimas y sentimientos, así les traemos flores, su veladora y a limpiar su tumba, porque es un día en que sentimos que estamos más cerca de ellos aunque ya no están con nosotros físicamente pero espiritualmente sí los tenemos presentes en esta fechas”, señaló Lilia Carrillo.
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