
Los 115 cardenales electores inician mañana el cónclave para elegir al Papa 266 en la historia de la Iglesia católica. En la Capilla Sixtina, bajo el formidable Juicio Final de Miguel Ángel, estos comenzarán la jornada electoral con el juramento de que nunca habrán de dar a conocer lo que suceda en esa reunión.
Las elecciones papales en el siglo XIX y XX nunca han pasado de cuatro días. Hay datos para pensar que ésta seguirá el patrón de las anteriores y resulta, por lo mismo, muy probable que para el segundo y a lo más el tercer día la Iglesia tendrá a un nuevo Papa.
La semana pasada sesionó el colegio cardenalicio, formado por 205 cardenales. De ellos los que tienen más de 80 años ya no podrán votar. Éstos en la reunión dieron a conocer sus posiciones sobre la iglesia, intercambiaron puntos de vista y también supieron más unos de los otros.
Se sabe que en esa reunión un grupo de cardenales, sobre todo de Estados Unidos y de Brasil, exigió se les diera a conocer los documentos implicados en el caso Vatileaks antes de que iniciara el cónclave. Hasta este momento no se ha filtrado información si esto finalmente ocurrió.
Benedicto XVI, al dimitir rompió con tabúes y mitos sobre la figura y el cargo del Papa, que se asumía debería ser vitalicio. Su decisión ha contribuido a desacralizar la figura “mítica” del Papa, para situarlo en un espacio más terreno y humano. Es una acción revolucionaria que viene de un teólogo muy conservador.
Los cardenales, unos más que otros, reconocen la actual crisis de la Iglesia, que como cualquier institución nunca ha estado exenta de la misma. En ese marco se sabe que existen valoraciones distintas sobre la gravedad de la misma y la necesidad o no de continuar y profundizar el camino de “limpieza” iniciado por Benedicto XVI.
Se asume que los problemas más evidentes, la prensa ha dado puntual cuenta de ellos, son los relacionados con los malos manejos financieros del Vaticano, los sacerdotes pederastas y los obispos que los han protegido y permitido su ejercicio en lugar de llevarlos a la justicia civil.
Los obispos y sacerdotes más abiertos y los teólogos progresistas, asumen con preocupación y tristeza que en el horizonte de los problemas no se contemplen los temas relacionados con la justicia, la opción preferencial por los pobres, la moral, el celibato obligatorio y el sacerdocio de las mujeres, para sólo mencionar algunos.
Entre los sectores más abiertos de la jerárquica y de los fieles y también de los grupos conservadores más consecuentes está presente la idea de que ahora lo mejor que puede pasar a la Iglesia es se elija a un Papa que continúe y profundice el trabajo de “limpieza” que comenzó Benedicto XVI. Se está a dos o tres días de saber el resultado de la votación.
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