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Columna invitada
Álvaro Abreu Bolio

El arte, el dinero, la banca y el premio

Voces, Jueves 25 abril, 2013 a las 12:26 pm

Casi nunca asociamos el dinero con el arte. A lo más que se puede aproximar uno es a vincularlo como el medio para adquirir algo bello. Una pintura, una escultura, grabados, dibujos, fotografías, libros; pero al dinero, sea peso, dólar, euro, como sea que se llame, no lo asociamos con la belleza.

Sin embargo, recientemente, en Florencia, Italia, se montó una gran exposición en el Palazzo Strozzi intitulada “Dinero y Belleza”. En ella intervinieron importantes autoridades hacendarias y bancarias de Europa, así como del FMI, Banco Mundial y el Banco Central Europeo.

La exposición, según leo, reflejó casi mil años de tradición italiana. Y desplegó una investigación exhaustiva del mundo material de los comerciantes y banqueros florentinos: ábacos, candados, cajas fuertes, pinturas, libros de contabilidad, pagarés, monedas y cheques. Todos estos objetos hechos con exquisito gusto. Una fotografía de la exposición revela una báscula alta y delgada que parece una escultura de Giacometti.

Dato curioso: los libros, cheques, documentos expuestos, llevan la leyenda: “En el nombre de Dios y de la Ganancia”, muy cercana a la impresa en el Dólar estadunidense: “En Dios confiamos”.

Recordemos que debemos a Italia la invención, en los siglos XV y XVI, de la banca moderna casi tal cual la conocemos ahora en nuestros días.

Los Medici, Lorenzo y Cosimo, tal vez los más grandes mecenas del Renacimiento, eran banqueros, bussinesmen, como diríamos ahora. Lorenzo era poeta y fue un notable político de su tiempo. Mientras escribo esto recuerdo un ejemplo mucho más cercano en el tiempo, hablo del Siglo XX. Pienso en Wallace Stevens, uno de lo grandes poetas norteamericanos quien fue vicepresidente de una de las firmas de seguros más importante de Estados Unidos: Hartford Insurance Company.

En fin, el dinero, la banca, el arte, la vida son vasos comunicantes; sólo los prejuicios ideológicos lo impiden ver. Decía Octavio Paz que la ideología nubla el pensamiento. Tenía razón. Lo nubla y lo vuelve tartamudo.

Escribo sobre este tema pensando en el Premio Campeche que recayó en un prominente hombre de negocios y banquero mexicano, Roberto Hernández Ramírez.

Coleccionista de arte, patrocinador de fundaciones culturales y ambientales, financiero; como todo empresario importante, Roberto Hernández, es un hombre polémico, como polémico es el capitalismo en sí mismo. Lo dicho líneas arriba es una apretada síntesis de ese carácter. Pero pocos hombres de ese calibre han detenido la mirada en Campeche y han decidido hacer algo aquí. Él si hizo algo: construyó dos hoteles que modificaron la estadía y la visión del turismo en Campeche. Y necesitamos a muchos más así con esa proyección empresarial que sacuda el marasmo económico de más de 40 grados centígrados que nos consume.

Sólo encuentro una palabra, un verbo: desenmohecer. Quizá esa sea la mayor contribución de Roberto Hernández, porque de algún modo eso ha abierto la posibilidad de un nuevo enfoque cultural y político del Patrimonio Cultural de la Humanidad que es nuestra Ciudad. Creo que lo hecho hasta hoy en el Centro Histórico sería impensable sin la contribución de muchos ciudadanos campechanos, así como la de Hernández Ramírez.

La decisión del Comité de este premio, encabezado por el gobernador, Fernando Ortega Bernés, de otorgarle el Premio Campeche, es, creo, dejar ese testimonio y estimularlo a que nos vea como parte de un proyecto más amplio cultural, social, política y económicamente viable. No es más, pero tampoco menos.

Sobre este Premio Campeche, lo que desde mi punto de vista ha sido muy lamentable es la “argumentación” oficial, si se le puede llamar de ese modo. Está borrada del horizonte político o lo que es peor: las pocas líneas discursivas dichas son de una pobreza conceptual que dan pena ajena, erdipia. Me pregunto por qué. ¿Por qué dejar solo al gobernador? Sus palabras durante la presentación del Programa Operativo Anual fueron más que elocuentes en ese sentido.

En alguna ocasión escuché decir a Sartori que en la democracia muchas veces hay que explicitar lo implícito. El Comité del Premio Campeche tiene los días contados para hablar de las razones de este Premio, para explicar que se trata de un galardón que otorga el Estado Libre y Soberano de Campeche, sus tres Poderes -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- no nada más para distinguir a una persona y su obra, sino para dar cohesión a todo un proyecto de Estado, a una visión, cultural, política, social y económica que no se cierra en un mero acto, sino que se abre a la memoria de lo mejor de nuestros principios fundacionales como Estado de la República.