Siempre hemos escuchado sobre las bondades que tiene el territorio del estado de Campeche, repleto de riquezas naturales todavía por aprovechar y con un gran potencial económico aún sin despertar. Hemos sido una economía basada en la explotación de nuestros recursos naturales a los cuales no hemos generado ningún valor agregado, siempre exportados en bruto y generando riqueza en los destinos donde los procesan.
Con 57 mil 924 kilómetros cuadrados y una población de 822 mil 441 habitantes -según el último censo del Inegi- además, Campeche registró el mayor Producto Interno Bruto (PIB) per cápita en el 2010; obviamente por considerar al petróleo como parte de nuestra economía.
Si así fuera el impacto y bajo el caso hipotético de que la riqueza del estado se repartiera de manera homogénea entre su población, a cada uno de los habitantes les correspondió 62 mil107 dólares americanos al año, es decir, 170 dólares diarios. ¡Que riqueza de entidad! Ojalá pudiera repartirse así.
Dos terceras partes de la población de Campeche desarrolla una actividad directamente relacionada con la administración pública. Es decir, el sustento de buena parte de las familias de nuestro estado depende del gobierno. Quizá sea la razón principal por la que nuestros ciclos económicos están tan relacionados a nuestros momentos políticos: trienios y sexenios. Por eso carecemos de planeación estratégica de largo plazo, lo que limita el desarrollo de infraestructura económica que nos dé una visión de crecimiento a futuro.
Muy distante de tener una economía basada en políticas públicas orientadas al desarrollo, tenemos una economía basada en la política. Nuestras empresas son micros y pequeñas empresas, principalmente familiares, el asociacionismo es casi nulo. Así también, la composición de las unidades económicas en Campeche están centralizadas en el comercio y los servicios, prácticamente las empresas de producción, fabricación o transformación es la menor parte del sector privado. El sector social tiene su aportación a la economía principalmente en el sector alimentario, pero con una marcada tendencia al autoconsumo.
Es común escuchar los anuncios de que volvimos a tener una cosecha récord de maíz, pero de qué nos sirve contar con ese volumen de producto si está dentro de un nicho de mercado muy competido y su valor de comercialización en ocasiones es muy por debajo de las expectativas, no alcanzando a cubrir sus costos de producción. En gran parte del mundo antes de sembrar el campo se tiene contratada la adquisición de la cosecha a un valor futuro comercial. Para que esto sea posible, es necesario sembrar exactamente lo que el mercado está demandando, incluso, con las características genéticas que son requeridas.
Si nos preocupa tanto que la actividad petrolera no nos retribuye justamente y perdemos el tiempo esperando y esperando, es justo entonces cambiar una visión burocrática y proyectarnos hacia otras actividades que no dependan de voluntades políticas.
Poseemos más recursos naturales de los que tradicionalmente consideramos, tal es el caso de los recursos más demandados en el planeta: el agua, aire, sol y clima.
Campeche cuenta con clima cálido húmedo, cuenta con más de un 80% de días con sol al año, la velocidad del viento tiene una constante muy estable, los recursos hidráulicos son bastos. Por el clima podemos producir y cosechar hortalizas todo el año; los días de sol nos dan elegibilidad para la generación de energía eléctrica a partir de la solar y distribuir a diferentes actividades o inversiones, así también la energía eólica es aprovechable por la estabilidad del viento y el agua es el recurso más limitado en el planeta.
Incluso en el aprovechamiento de los bonos de carbono a través de la conservación de espacios que son pulmones de nuestro planeta como es la reserva de la biosfera de Calakmul, son maneras de generar recursos financieros para el desarrollo de comunidades.
¿Es tan difícil romper inercias y círculos viciosos? La realidad es que no, hay muchas regiones en el planeta que se han desarrollado con un mínimo de recursos y que bajo buenas prácticas y una planeación estratégica de su economía a largo plazo, se han transformado en entidades muy exitosas.
Lo primero que debemos hacer en Campeche es romper con paradigmas y atrevernos a dar un salto al futuro, no solo caminar encausados, apurarnos en llegar porque la competencia ya está corriendo. Ya no solo es ver que está demandando el mercado hoy, sino qué podemos producir y vender mañana. Entender nuestras ventajas y aprovechar nuestros recursos desarrollando su potencial. La atracción de inversiones debe estar orientada a las áreas estratégicas para desarrollar y potencializar sus efectos. Así también, el desarrollo tecnológico e investigación debe estar ligado a las actividades productivas de manera efectiva.
Debemos definir dónde queremos estar dentro de 20, 30 ó 50 años, trazar un rumbo y definir la construcción de la infraestructura económica adecuada para conseguirlo.
Campeche da para más, no esperemos que vengan a resolver nuestras opciones desde otras latitudes, debemos generar nuestras oportunidades y definir nuestro futuro.
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Columna invitada
