
El sábado empezó una nueva etapa del país. Es claro que Enrique Peña Nieto inicia su gobierno con una de las más bajas popularidades que ha tenido un presidente al iniciar su gestión, de acuerdo con las encuestas.
Sin embargo, de entrada, sus 13 propuestas parecen no sólo inteligentes sino lógicas y da gusto ver que retoma la lucha iniciada por Felipe Calderón contra el narcotráfico y consolida otros puntos medulares e inteligentes para cerrarle el paso a la delincuencia.
Está claro que habemos quienes pensamos que el triunfo de Peña debía esclarecerse, pero en un país democrático el respeto a las instituciones de la República debe ser prioridad. De entrada, en sus 13 decisiones hechas públicas el pasado sábado queda de manifiesto que pretende darle al Sur del país un nuevo impulso y las inversiones anunciadas para toda la nación, de entrada, definen que ya tiene claro qué hacer y cómo, además desde donde empezar. Los cinco ejes complementados con las 13 decisiones.
Campeche, hay que lamentarlo, no figuró –otra vez- como Yucatán en esas trece decisiones. Ivonne Ortega, vapuleada por el endeudamiento de su entidad y cero obras realizadas, recibiría en pago de lo que muchos señalan como aportación económica a la campaña, la construcción de su principal promesa como gobernadora que nunca cumplió: un tren de pasajeros de Mérida a Cancún.
Queda claro que Peña recibió lecciones de política-política: invitó a Josefina Vázquez Mota a su mensaje en Palacio Nacional y ella, con su presencia, legitimó a su oponente como lo han hecho prácticamente todos los panistas relevantes. Dicen que podría irse de embajadora como una muestra de pluralidad y de gentileza política mientras ella aprovechó la oportunidad para dejar claro que se hizo a un lado mientras Calderón terminó su gobierno.
Peña está mandando mensajes a la derecha y a la izquierda: Rosario Robles será secretaria de Desarrollo Social y con ella su equipo, el mismo “ahumado” por la corrupción de cuando fue jefa de gobierno capitalina y privilegió a su amasio; Ramón Sosamontes incluido en el paquete.
Una especie de gentileza política al nombrar al secretario de Hacienda de Calderón nuevo canciller, un hombre reconocido por los financieros del mundo y cuyo prestigio ayudará a atraer inversiones y a darle a México una cara más abierta a la llegada de capitales foráneos: José Antonio Meade.
También recicló dinosaurios: su padrino Emilio Chuayfet, ya secretario de Educación y quizá dique de contención para la propia Elba Esther Gordillo, muy inquieta e incómoda en el evento; Jesús Murillo Karam, procurador tan pronto pida licencia en la Cámara de Diputados; Pedro Joaquín Coldwel, a Energía o Patricio Martínez, ex gobernador de Coahuila que le cierra el paso a los Moreira, a Agricultura. Sin embargo, también hay caras nuevas empezando con el propio Videgaray, famoso por su cercanía con Peña, o Aurelio Nuño Mayer, en la secretaría de la Presidencia o Mercedes Juan López, en Salud.
Mal hará el nuevo gobierno si no ahonda en la pretensión de iniciar una nueva relación con la sociedad. Peña deberá tratar de granjearse simpatías en sitios donde la población lo sigue viendo como una imposición.
Es claro, hay que decirlo, que las protestas no se generalizaron en el país pero sí hubo algunas incoformidades muy evidentes como la de Guadalajara y la propia en las inmediaciones de San Lázaro y el Ángel de la Independencia.
No puede dejar de verse las protestas en Chilpancingo, en la autopista México-Cuernavaca, la de Pachuca, Mérida, Villahermosa, Tlaxcala, Xalapa, Ciudad Juárez, San Luis Potosí, Durango, Guanajuato y Baja California Sur, pero también hay que aceptar que no fue en todo el país ni en todos lados ni multitudinarias.
Lo que no es correcto es la violencia ni la de los manifestantes que dañan a terceros, ni la de los represores, pero que, después de todo, tienen la justificación de restablecer el orden.
Nos guste o no, México sigue funcionando y aunque muchos aprovecharon el feriado sabatino para salir de puente, la realidad es que el lunes todo regresó a la normalidad y Peña ya está en plenas funciones.
Exijámosle que gobierne para todos, que se esmere en los que menos tienen y en los que menos esperan de él, pero sobre todo en que regrese la justicia, se exterminen la corrupción y la impunidad y que el imperio de la ley no sirva para proteger a quienes siempre se salen con la suya.
Apostémosle a que sepa gobernar, si lo hace le irá bien a México.
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