
Conversando con un excelente amigo hace algunos meses, él decía que no podía ver un nuevo PRI con las figuras de Manlio Fabio Beltrones en la Cámara de Diputados o Emilio Gamboa, en la de senadores. Mientras sigan estando los mismos no habrá nuevo PRI, sentenciaba mientras algunos le decíamos que era necesario esperar para ver cómo quedaba definido ese partido.
No le veo caso seguir esperando, era su respuesta contundente: Ivonne Ortega defraudó en serio a los yucatecos; César Camacho no es precisamente una joya del pensamiento liberal y si vemos que regresa Mariano Palacios Alcocer, Murillo Karam y Emilio Chuayfet, pues como que de nuevo no tiene nada.
Han pasado casi seis meses de la charla y los hechos empiezan a darle forma a la decepción del antiguo militante priista. Y es que su pensamiento es lógico: quienes se opusieron desde sus encargos a consolidar las reformas que el país necesitaba es poco ético que ahora las promuevan, pero quién ha hablado de ética en ese partido.
En pocos lugares se ha dado la oportunidad a una nueva generación para dirigir el PRI como ha sucedido en Campeche. Aquí, Víctor Salinas, considerado un novato para esas lides, fue el responsable de una elección, al menos en el papel, en la que el PRI entregó a su candidato presidencial excelentes cuentas: once municipios ganados, casa llena para el Congreso, con excepción de una curul; dos diputaciones federales y la fórmula en el Senado, carro completo, al más viejo estilo.
Por desgracia, la juventud que se ve en algunos cuadros no tiene nada que ver con sus actitudes porque, como quedó claro el fin de semana, la idea es devolverle al presidente todos esos poderes que tantos abusos recuerdan cometidos al calor de la investidura.
Hoy, Enrique Peña no sólo será el jefe de todos los priistas, el presidente de México sino el máximo dirigente del partido que, para ello, dejará a César Camacho como un verdadero gerente del tricolor. Exactamente como era antes de que Zedillo profiriera la sana distancia y se cortara el dedo omnipoderoso.
Las cosas en este país, sin embargo, pareciera que se irán resolviendo porque, a pesar de todo, deveras que México es más grande que sus gobernantes y quizá hasta en contra de lo que hemos aceptado y hecho sus habitantes.
¿Deveras será que estamos condenados a ser grandes a pesar de nosotros mismos? ¿Es algo así como nuestro destino manifiesto? No lo creo. Lo que sí espero que es que mañana no vayan a decirnos que después de generalizar el IVA, de abrir Pemex a la inversión extranjera, de tener ingresos sanos ya no de la economía petrolizada, nos aparezca una crisis de esas que sólo los priistas como gobierno nos han sabido recetar gracias a sus corruptelas. ¿Cómo olvidarlas? A más de uno se nos ha ido la vida en ese reciclaje de frustración por los errores ajenos.
Lo cierto es que la asamblea le dará a Peña una extraordinaria oportunidad de demostrarnos de qué está hecho su gobierno. Con esa inyección de recursos que lograría, si para la prueba en el Congreso Federal, no habrá excusa que valga para que no haya generación de empleos, para que el nivel de vida de los mexicanos crezca y podamos elegir entre varias empresas a quienes comprarle nuestros combustibles porque habrá competencia.
Si nada de esto pasa, de nuevo nos habrán burlado para dejarnos como estábamos mientras ellos siguen sin decirnos en qué se gastan nuestro presupuesto.
El otro punto, el que puede legitimarlo ante la ciudadanía, tiene que ver con la justicia. No con la legalidad, con la justicia que los mexicanos esperamos de ver en prisión a tanta gente que ha explotado a trabajadores, a ciudadanos y ese tema no sólo implica encarcelar priistas sino también a perredistas, petistas y panistas que se pasaron de la raya y defraudaron a los mexicanos.
En Campeche, mientras tanto, Peña tiene que demostrarnos que sólo fuimos la vaca que se ordeñó mientras tuvo y que seguirá en el abandono en el que estamos hasta ahora y eso que sólo el gobierno panista de Calderón volteó a ver a los campechanos y le dio apoyos extraordinarios que, hay que recordar, Jorge Carlos Hurtado no nos desglosó ni supimos en dónde terminó.
Ojalá mi visión esté nublada y no vayamos a volver a caer en ese priismo que tanto lesionó a los mexicanos, que tanto se olvidó de hacer las cosas necesarias y las indispensables, para vendernos demagogia pura.
¿Será que realmente es nuevo PRI? Al menos cuando vemos el escenario, los actores son los mismos y dicen que perros viejos no aprenden trucos nuevos.
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