
Enrique Peña Nieto cumple 100 días de gobierno mientras el país se mantiene en la misma expectativa de resultados. Cien días no son suficientes para definir la actuación de un gobierno, pero sí son buena referencia de lo que podría ser un sexenio con el regreso del PRI.
No cabe duda que lo que más llama la atención, a estos días, es la detención y encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, pero la realidad es que para muchos ciudadanos sigue siendo sólo una mera referencia de la que falta mucho para convertirse en una práctica de gobierno.
La política priista tradicional implicaba poner un ejemplo, pero la realidad es que el país necesita ejemplo en muchos ámbitos y de esos siguen faltando ejemplos. En el empresarial, para más de uno un acto de justicia hubiera sido encarcelar a Azcárraga por haber desembrado y cometido un enorme fraude con Mexicana y resarcir en algo la reparación del daño para los empleados.
No puede negarse que hay cosas positivas. Se habla de que la ley de telecomunicaciones será todo un hito; que las reformas, al menos en propuesta, serán de avanzada y que el país recuperará su crecimiento.
A nivel macro, como la economía, las cosas se ven bien, al menos en el esbozo. Sin embargo, en la realidad de las comunidades, los cientos de ayuntamientos y los estados quebrados, la falta de empleo, de circulante y las economías dependientes al 100 por ciento del gobierno y la obra pública reflejan que el país verdaderamente necesita un cambio estructural.
¿Será que un gobierno tradicional priista, pero sin ideología, como asegura Peña, lo suficientemente pragmático para encabezar esa verdadera necesidad, ya urgencia, de modificar el país?
Lo cierto es que 100 días son poca cosa para el nivel de daño estructural que tiene el país.
El ejemplo más claro está en Campeche y en su ayuntamiento hoy. A punto de cumplir seis meses de la toma de posesión de las 11 comunas, quizá en la que más se note lo complicado de su condición es en la ciudad capital por lo complejo de los problemas que han heredado no sólo de Beatriz Sélem sino de quienes fueron alcaldes capitalinos y no recibieron el apoyo necesario o quienes de plano tomaron esa gestión como un simple trampolín y una oportunidad para el despojo.
Lo cierto e indiscutible es que la Comuna capitalina está entrampada: por una parte no tiene recursos suficientes para cubrir los adeudos heredados; por otra, no puede deshacer compromisos mal hechos, como el contrato de la basura; además, la sofoca una nómina con gente que no sólo no sirve sino que estorba y, por si fuera poco, dicen que tampoco ha recibido los apoyos del gobierno local que esperaban y no porque no la quieren apoyar sino porque en el edificio de enfrente también adolecen del mismo dolor: no hay recursos.
La situación del ayuntamiento no es tan compleja porque hay identificados los responsables del desfalco y con empezar a fincar responsabilidades la gente podrá entender que la justicia tiene sus tiempos, pero verá con claridad los nombres y las caras de los responsables.
En el gobierno estatal, por desgracia, ya pasó el tiempo de meter a la cárcel a los pillos y algunos de ellos ya se refugiaron en Gobernación y algunas oficinas de la periferia.
Pero el tema no es ese. El tema es que la gente quiere ver resultados o que alguien salga, con detalles, a darle una explicación para que entienda que está pasando, porque las expectativas generadas por Ana Martha Escalante como presidenta municipal son del mismo calibre que las de Carlos Rosado en su oportunidad.
Tienen que darnos una explicación sobre el contrato de la basura porque en Morelos ya la misma empresa metió a prisión a un alcalde que se atrevió a cancelarle el contrato al quejarse de los cobros desmedidos, sólo que el contrato estaba hecho para nunca poder deshacerse de él hasta su vencimiento.
Nadie puede negar que buena parte de los problemas de baches y de la basura se han resuelto, al menos en lo visible, pero la realidad es que la ciudad está lejos de estar en sus mejores condiciones.
Al menos aquí no se ha cometido el error que hoy tiene a los champotoneros disgustados. Se reconstruye el malecón y mientras eso se hace se destruyen, por los camiones pesados y el tránsito, las demás calles del lugar. La obra, que tiene justificación, sólo demuestra que la Secretaria de Obras Públicas y la empresa que la realiza no tienen un buen cálculo y menos una planeación adecuada.
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