Tiene formación como contador público y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmente es vicepresidente de la Fundación Avanza.
Cuando éramos pequeños y creíamos que el monstruo se escondía en el ropero o bajo la cama, cerrábamos los ojos y hacíamos como que no pasaba nada. Crecimos y hacíamos como que no pasaba nada para de esa forma creer que los problemas se irían si los ignorábamos.
Los problemas que no se enfrentan en el momento no solo nos provocan angustia sino que a la larga se convierten en problemas agobiantes, aplastantes, tan grandes que no vemos salida alguna.
Ahora bien, si los problemas sociales no se atienden por aquellos a los que se les paga por servir, lo más probable es que esos problemas se magnifiquen, se multipliquen y generen una sensación de desespero, de coraje, de impotencia y es impotencia porque, aquellos que deberían estar para solucionar u orientarnos en la solución parece que están ocupados en cosas “grillescas” en lugar de estar generando política que no es otra cosa que escuchar diferentes puntos de vista para armar una solución que le beneficie a la mayoría.
Escuchar, escuchar y solucionar, escuchar y ponerse en el lugar, escuchar y entender que para quien necesita ayuda, no hay otra cosa que esté dentro de su cabeza.
Sin embargo, parece que no nos ven y no nos oyen… somos invisibles o cierran los ojos para evitar vernos, esperando que desaparezcamos o peor aún, que aquellos que nos juraron servir, cambien de puesto y le dejen los problemas a alguien más.
No podemos permitir que la invisibilidad se propague, los problemas no se resuelven cerrando los ojos o acallando las voces, se resuelven enfrentándolos, se resuelven poniéndose en los zapatos del otro y buscando lo mejor para él.
Hacer como que nada pasa solo agrava el problema. ¿Dónde queda nuestra humanidad? ¿En que momento perdimos nuestra sensibilidad? ¿Cuándo se convirtió en más importante el puesto político que el servicio a la gente?
Los partidos políticos y sus militantes deben de reinventarse, y con eso, los candidatos deberán cambiar y quizá de esa forma la confianza regrese el trabajo, la paz sea la norma y no la excepción.
Hacer como que no pasa nada hace que pase todo, cerrar los ojos ya no es opción, los problemas no desaparecen en el parpadeo, ya no se puede ejercer el “arte de la dilación” como política pública. Hay que tomar decisiones en beneficio de todos aquellos mexicanos que no pueden levantar la voz, que ya no viven sino sobreviven, que no piensan en su mejora pues están ocupados en buscar la comida del día. Hay que tomar decisiones para que se rompa ese círculo perverso donde dejan de escuchar y ver a aquellos que juraron servir.
Si nuestros políticos siguen pensando que tener un pueblo inculto y con hambre les permitirá su manejo a conveniencia no están haciendo política, están haciendo la peor de las traiciones, la deshonra absoluta a su palabra, están dejando de lado principios, convicciones, integridad, honestidad y compromiso. Están abusando de la confianza de las personas a las que les pidieron eso mismo de lo que abusan.
Un pueblo con hambre agradece los “apoyos” y las “dádivas” y es tan agradecido como siempre ha sido el mexicano pero, eso no soluciona nada, por el contrario, solo agrava el problema de la desigualdad y aquellos que prometieron ante la constitución servir al pueblo, solo lo están utilizando y de servir a utilizar hay un abismo de diferencia, hay un dolor que supura, hay una falla en el sistema.
Los problemas no desaparecen cerrando los ojos y los ciudadanos con problemas siguen con problemas aunque los hagan sentir como objetos, como piedras en el zapato… como gente invisible.




Palabras Altisonantes
