Tiene formación como contador público y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmente es vicepresidente de la Fundación Avanza.
En estos momentos en que la ebullición política se encuentra a todo lo que da, en el que los partidos políticos y los candidatos que los abanderan de nueva cuenta voltean a ver a los ciudadanos para escuchar necesidades y asegurar y prometer que se atenderán, es cuando deben de encontrar dentro de sus equipos de trabajo a las personas capacitadas para crear estrategias a corto, mediano y largo plazos y no quedarnos en promesas vacías y sin sustento.
En este estado se necesita desarrollo urgente, se necesita darle valor agregado a nuestros productos y de esta forma aumentar el margen de utilidad y con eso reactivar la economía interna, logrando que tengamos mayor capacidad adquisitiva. No obstante, y como primer paso, debemos de enfocarnos a nuestro campo como principal fuente de riqueza y como la base del desarrollo pues no hay preocupación más grande para una familia que el tener un plato de comida sobre la mesa y paradójicamente son aquellos que nos proveen de alimentos los que no están generando suficiente ingreso como para llevar una nutrición adecuada.
Mientras se tenga la necesidad de un plato de comida sobre la mesa, no habrá espacio en esa cabeza para preocuparse por educación, salud, seguridad y sí por economía o, mejor dicho, por la carencia de una economía favorable que permita poner ese plato que tanta falta hace para poder hacer todo lo demás.
Existen programas para el campo, hay reglas de operación adecuadas y, no obstante, seguimos igual y puede ser que no se les esté dando el seguimiento adecuado, no se les esté acompañando en el proceso o simplemente, se hacen proyectos para bajar recurso sin tener la intención de aterrizarlos.
Un buen amigo mío me contaba el proceso que seguía y cómo los productores se habían unido para entre todos conseguir mejores precios. Si a lo anterior se le diera un seguimiento en el proceso de mecanizar el campo y pasar a la siguiente etapa dándole valor agregado, tendríamos una agroindustria que fortalecería a los productores y serían ellos los primeros beneficiarios.
Ahora que si no se hace, vendrá el coyotaje y comprará al precio que se le venga en gana y lo revenderá más caro. En este caso, el productor es el primero en sufrir un perjuicio.
No es crear más programas o soltar más promesas, no es apoyo social, es darle herramientas, asesoría y acompañamiento de principio a fin a los productores. Si cumplen, tendrán un mayor beneficio, si no cumplen, tendrán limitado el acceso a la siguiente entrega de programas.
Como todo, es hacer las cosas de manera correcta y transparente, es hacer las reglas de operación sencillas y de fácil acceso pero, cuidando la aplicación de ese recurso, acompañándolos y apoyándolos para tener un campo productivo que trabajan algunos pero que le traerá beneficios a todos.
Planear es la clave, encontrar las acciones y estrategias para crear un campo que genere no solo alimentos sino que sea rentable, que logre que los productores obtengan un mejor nivel de vida haciéndolo a través del trabajo, donde se sientan orgullosos de lo que hacen y nosotros agradecidos pues gracias a ellos tenemos la posibilidad de alimentarnos.
Tenemos que romper esa inercia de nuestro campo en el que no crecemos y sí, cada vez más, tenemos personas que abandonan pues es imposible competir con el abaratamiento del costo de producción de las grandes potencias. No es subsidiar por subsidiar, es integrarlos dentro de un proceso en el que el campo mexicano y en específico el campechano, se convierta en agroindustria.
No más promesas vacuas, no más “apoyos” y sí, mejores estrategias de producción para que todos sin excepción, podamos quitarnos de la cabeza la preocupación de poder tener un plato sobre la mesa.




Palabras Altisonantes
