Tiene formación como contador público y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmente es vicepresidente de la Fundación Avanza.
Hemos visto el enriquecimiento de manera inexplicable de muchas personas dentro de la administración pública, hemos constatado cómo compran autos, casas, terrenos, viajes con un desparpajo y un cinismo que en buena parte es culpa de la ciudadanía, pues de qué nos sirve quejarnos de la corrupción si las frases que soltamos son “todos lo hacen”, “pónganme donde hay”, “el que transa no avanza” y tenemos actitudes como el querer con una llamada solucionar un problema, el querer “palancas” para hacer algo, el dar “diezmo” para obtener contratos.
El presidente Peña dijo en los diálogos del FCE que la corrupción era cultural y se lo comieron vivo pero, en realidad si tiene razón, lo hemos visto tantas veces por tanto tiempo, que ya lo vemos normal, es más, el que es honesto e íntegro se convierte en un bicho raro en estos tiempos donde no importa lo que eres sino con quien te llevas o los “conectes” que tienes.
Es una espiral descendente que nos lleva al abismo y debemos de sentirnos culpables pues eso es lo que le estamos enseñando a nuestros hijos, si reprueban vamos y peleamos con la escuela en lugar de averiguar por qué reprobó y nos interesa más la calificación que el contenido aprendido. Si multan por estacionarse mal o detienen por una infracción, se grita y manotea tratando de evitarlo o peor aún, se ofrece una “mordida” para evitar las largas filas para pagar la multa.
Vivimos en una dualidad extraña, hay marchas en contra de injusticias y mientras las hay, se cometen injusticias, hay marchas pidiendo libertad y lo hacen coartando la libertad, se pelea la libertad de expresión y se tolera la difamación.
No confiamos en nuestros servidores y funcionarios y lamentablemente, tenemos razón, no nos dan herramientas para hacerlo y los partidos políticos que deberían ser el vínculo entre el ciudadano y el gobierno, parece que lo olvidan también.
La corrupción es el inicio de todos los problemas que tiene nuestro país y vienen desde la “mordida” de 100 pesos hasta el saqueo de Pemex con contratos ficticios pasando, claro, por el tráfico de influencias, el tomar dinero de las arcas públicas, el “apoyo” a periodistas, el uso de información privilegiada para obtener contratos o comprar terrenos a bajo precio sabiendo que se hará un desarrollo posterior, el precio inflado de productos vendidos a gobierno dando su correspondiente “moche”, el uso de material de cuarta pero cobrado de primera en las obras públicas. En fin, buscar siempre como obtener un beneficio personal fregando a los demás pues “todos lo hacen” y si no lo haces te dicen que eres “un pen…”.
Pero no digamos que “todo es su culpa” y que por ellos estamos como estamos pues para poder decir eso debemos de dejar de hacer lo mínimo indispensable y hacer lo más que podamos en nuestro trabajo, evitar hacer trampas en los exámenes, no llevarnos articulos de oficina a nuestra casa justificándonos que “lo pagamos con nuestros impuestos y por tanto es mío”.
¿Saben cual es nuestro verdadero problema?… Tenemos miedo. Tenemos miedo de denunciar y que tomen represalias contra nosotros, que nos corran del trabajo, que no pase nada y nos vean raro; tenemos miedo de alzar nuestra voz y exigir una verdadera austeridad y no un “supuesto” de austeridad; tenemos miedo de decirle a nuestro vecino que no tire aguas jabonosas pues nos gritará e insultará; tenemos miedo de señalar y de exigir y tenemos miedo porque somos parte del problema cuando debemos, por el bien de México, de nuestros hijos y de nosotros mismos atrevernos… a ser parte de la solución.




Palabras Altisonantes
