Cuando el 7 de mayo del año pasado fue ejecutado Javier Aguillón Osorio, líder de pescadores ribereños de Ciudad del Carmen, las autoridades se apresuraron a afirmar que se trataba de un hecho aislado.
Lo mismo dijeron el 1 de agosto también del 2014, cuando sicarios balearon a una abogada tabasqueña en la Isla; y el 11 de septiembre, cuando ultimaron a un chofer del TUM en ese mismo municipio. También eso alegaron el 25 de febrero de este año, cuando un empresario desayunaba en una fonda de Carmen con su familia y recibió una lluvia de balas.
Todos esos, y otros más, fueron calificados como hechos lamentables, pero aislados, no comunes, desligados unos de otro y el discurso siempre fue la negación de que estuviera actuando alguna célula del crimen organizado.
El pasado lunes, las mismas autoridades revelaron, con la satisfacción que produce el haber dado un golpe contundente al problema de la inseguridad y del deber cumplido, el desmantelamiento de una banda criminal que operaba en Campeche y en Tabasco y que estaba conformada por nueve sujetos.
‘Pura Gente Nueva’ tenía incluso intenciones de expandirse a Yucatán, donde mataron a una persona. Aquí en el estado mataron a 10, a todos por negarse a comprar gasolina proveniente del tráfico que esa banda realizaba en la Sonda de Campeche.
La célula tenía incluso un logotipo propio. En él se observa una calavera, las siglas de la agrupación y los escudos de Campeche y Tabasco.
¿Eran hechos aislados? No, no lo eran. Ni tampoco eran crímenes pasionales o venganzas personales. Eran producto de la extorsión y de la actuación de una banda de criminales bien organizados, que contaban con un armamento, equipo de comunicación, vehículos y una estructura sólida y formal.
‘Pura Gente Nueva’ se dedicaba a robar combustible y a extorsionar y obligar a empresarios de distintos rubros a comprarles a ellos a los precios que ellos imponían. Quienes se negaban, como en el caso de Aguillón Osorio, simplemente eran matados y la negociación se hacía con sus reemplazos.
Lo hemos comentado una y otra vez. Campeche es el estado más tranquilo de la región, pero eso no lo exenta de las bandas criminales ni de la actuación de grupos organizados. Negar esto no significa que no vendrán, que no lo intentarán. Ocultárselo a los ciudadanos tampoco significa que no suceda.
Es aplaudible la desarticulación de la banda, pero existen serios motivos de preocupación por lo que está ocurriendo y por la presión de los grupos del narco que buscan cómo expandirse o dónde reacomodarse tras la limpieza que se realiza en otros estados. No podemos ni debemos descuidarnos.




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