Las cosas no mejoran en Europa, particularmente en Grecia. Éste país vive literalmente una tragedia económica que ha puesto a temblar a los padres del proyecto de la comunidad europea. Con una deuda externa de casi 500 mil millones de dólares – casi cinco veces la deuda externa de México -, una población de 11 y medio millones de habitantes, recortes presupuestales que afectan ya las prestaciones sociales y calidad de vida de los griegos y altas tasas de desempleo, el país está al borde del colapso. La población está molesta y desesperada y me atrevería a decir que casi naturalmente, las consecuencias políticas ya se asoman. En las elecciones de mayo de este año, el partido neo nazi, Amanecer Dorado, cuyo símbolo recuerda a la cruz gamada, ha ganando 21 lugares en el parlamento y con ello se constituye como un grupo parlamentario en el congreso griego. Sus reivindicaciones tienen una profunda vena xenofóbica pues desprecian a los inmigrantes a quienes llaman escoria humana y a quienes culpan de ocupar los pocos empleos que genera la economía griega. Ilias Panayotaros, el portavoz de Amanecer Dorado, ha dicho: “Nos han invadido y nos quitan los trabajos. Si conseguimos el poder, deportaremos a todos inmediatamente y sellaremos de nuevo las fronteras con minas, vallas eléctricas y más guardias”. No deja de sorprender que el mismo argumento haya sido utilizado por el partido nacionalsocialista alemán en la crisis económica y política entre las dos guerras del siglo pasado y que finalmente llevó al partido nazi y a Adolfo Hitler al poder en 1933.
En la era global, lo que le afecta a Grecia nos afecta a nosotros. No es difícil imaginar lo que le sucedería a la economía global y la mexicana si el rescate griego fracasa. El efecto dominó impactaría de inmediato en la economía española, la portuguesa, la irlandesa y la italiana, tan sólo por mencionar a los países que están enfrentando severos problemas económicos y financieros. Pero el costo mayor sería el colapso mismo del proyecto de la unidad europea y luego la crisis en todo el mundo.
A pesar de la aparente salud de la situación macro económica en México, una crisis global tendría consecuencias serias en nuestro país. Para quien gane la elección, un entorno económico de crisis no sólo obligaría al gobierno a imponer un riguroso plan de austeridad que terminaría por abortar las miles de promesas hechas durante la campaña política, sino que también se convertiría en el argumento recurrente para justificar el incumplimiento. En un arranque de optimismo competitivo, esto afectaría a cualquiera que gane.
Por ello es urgente que la unión europea, pero principalmente Alemania y Francia se pongan de acuerdo para definir la estrategia de salvamento de Grecia. Mientras que Francoise Hollande, el flamante presidente socialista francés, habla de disciplina fiscal pero con crecimiento, Angela Merkel, la canciller alemana, insiste en la primera y posterga el crecimiento para después, al mejor estilo de la escuela neo liberal. Vale la pena señalar que en esta línea de pensamiento también se encuentra la directora del FMI quien le ha pedido a los griegos que paguen sus impuestos si quieren ayudar a su país. Y urge que se pongan de acuerdo porque de no suceder algo extraordinario, detrás de la política de un estado eficaz de Peña Nieto, se percibe una política económica keynesiana o neo keynesiana que parece descansar en un vigoroso gasto público y ello depende en última instancia del salvamento de Grecia.
El domingo pasado The Guardian, uno de los diarios británicos más influyentes, presentaba una entrevista del premio Nobel de Economía Paul Krugman y en la que el profesor de Princeton insiste en que es fundamental crecer y ampliar la política de gasto público, incluso mucho más importante que la disciplina fiscal. Para Krugman esta es la única forma de salir no sólo de la crisis, sino de evitar una recesión que sumirá al mundo entero en un ciclo de desempleo y estancamiento económico. Y en ello ha insistido desde 2008 cuando estalló la crisis financiera y económica de este siglo. Krugman se ha cansado de señalarle al Presidente Obama sobre la necesidad de dinamizar la economía norteamericana con una política de gasto público, pues de otra manera, se iniciará una recesión en el país vecino que nos impactará de manera irremediable.
Parece increíble, pero evitar la tragedia griega, también ayudará a evitar la tragedia mexicana.
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