Rubén Aguilar Valenzuela
Convicciones
Rubén Aguilar Valenzuela
Licenciado en filosofía, maestro en sociología y estudios de doctorado en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana. Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). Ha publicado una quincena de libros sobre temas relacionados con la educación y el análisis económico, político y social.
@RUBENAGUILAR

La derrota del PAN

Voces, Lunes 9 julio, 2012 a las 8:18 am

En 2006, después de la presidencia de Vicente Fox, la mayoría de los que votaron decidieron que el PAN siguiera conservando la presidencia de la República y eligieron a Felipe Calderón, pero después de su ges­tión optaron porque ese partido ya no siguiera en la presidencia. Esa y no otra es la realidad. No hay acci­dente. Es una decisión consciente.

La derrota del PAN tienen muchas madres y padres: la gestión de Calderón y su absurda guerra; las divi­siones internas del PAN; la conducción del partido; la plataforma ideológica que cada vez es más conserva­dora ante los cambios culturales del país; la lejanía de los sectores populares; la elección de los candidatos; la candidata Josefina Vázquez Mota; el equipo de cam­paña que se integró; la estrategia elegida que optó por la continuidad.

El PAN está obligado a una evaluación a fondo des­pués de esta catástrofe electoral donde pierde la pre­sidencia, los gobiernos de Jalisco y Morelos, dos de las tres delegaciones que tenía en el Distrito Federal y queda como tercera fuerza en el Congreso. El partido desde el inicio del actual sexenio ha venido de derrota en derrota. Hay causas que expliquen este desempeño y también los resultados.

Lo correcto es que la actual dirigencia del partido renuncie, como es práctica común en otros países, des­pués de una derrota de tal magnitud, para dejar abierto el espacio a que surja una nueva dirigencia que se haga cargo de hacer un diagnóstico imparcial, a fondo, que les permita conocer y explicar lo que pasó y al mismo tiempo asuma los cambios que se deben impulsar, para afrontar los nuevos tiempos.

Si el PAN no se reestructura a fondo, para respon­der a la nueva realidad de una ciudadanía, cada vez más formada y liberal, tiene muy pocas posibilidades de volver pronto a la presidencia de la República y a tener presencia significativa en los estados y el Con­greso. El partido requiere cambios radicales en su con­cepción ideológica y plataforma programática, pero también en su estructura orgánica.

Le urge hacerse de un nuevo tipo de cuadros, que sean capaces de contactar a una nueva generación de militantes. Los que hoy están a la vista no concitan entusiasmo y adhesión entre los panistas y mucho menos en la ciudadanía. Le urgen dirigentes mejor preparados y con mayor cualificación académica y profesional. Le urgen también líderes con prestigio y arraigo social. La decisión de una transformación de gran calado solo corresponde a los panistas y por lo pronto no se ve quien sea el dirigente o los dirigentes que puedan conducir este proceso.

Al perder la presidencia el PAN deja de contar con el espacio único que está la brindaba y mantuvo por doce años, pero también ya no tienen el instrumento poderoso, muy difícil de sustituir, que disponía para acercar nuevas adhesiones y simpatías. Los muchos cuadros del partido que tenían cargos en el gobierno ya no contarán con ellos. Están ahora obligados a bus­car una nueva manera de ganarse la vida. El PAN y sus militantes inician ahora una nueva etapa de su historia. Habrá que ver cómo la enfrentan.