Alicia: ¿Qué camino debo tomar?
Conejo: ¡Eso depende del lugar a donde vayas!
Alicia: ¡No sé para donde voy!
Conejo: Entonces no importa el camino que tomes.
Este es uno de los pasajes más famosos del libro Alicia en el País de las Maravillas y pone el énfasis en un problema al que no le dedicamos el tiempo necesario, esto es, la necesidad de pensar en el futuro, de cómo nos queremos ver como individuos o sociedad en ese futuro y por tanto, determinar el camino que habremos de seguir para conseguirlo.
Hace tres años dio inicio la administración de Fernando Ortega Bernés, después de haber recibido el mandato de los campechanos para que él y un equipo de colaboradores gobernaran la entidad del 2009 al 2015. En aquéllos días se generó también uno de los documentos cuyo propósito era precisamente el de dar certidumbre y rumbo a la enorme y compleja tarea de gobernar. El Plan Estatal de Desarrollo presentaba a la ciudadanía una visión de futuro para Campeche, una especie de trazo para orientar el trabajo de todos los días y de todos los servidores públicos a lo largo de los 2190 días de este sexenio. El PED 2009-2015 es fundamental pues los que hemos tenido alguna experiencia en la administración pública, sabemos lo que la rutinización puede hacer con los objetivos de mediano y largo plazos y cómo las externalidades y los asuntos urgentes terminan por desplazar a las cuestiones verdaderamente importantes. Me parece, sin embargo, que el hecho de que el Gobernador haya tenido una imagen clara del Campeche del futuro, no implicaba necesariamente que sus colaboradores la entendieran y en algunos casos, ni la compartieran.
Al igual que Alicia, da la impresión que no todos sus colaboradores saben a dónde van. Si uno les preguntara cuál es la misión y la visión del PED, o cuáles son los cuatro ejes del PED, o cuántas acciones de política pública contiene el documento y cuántas y cuáles de ellas les corresponden a cada uno de los ejes, o cuáles les corresponden directamente en su sector de política, o cuáles son transversales y qué mecanismos de colaboración se han desarrollado para cumplir con el mandato (por eso el gobernador es el primer mandatario de la entidad) que les encomendó la ciudadanía, se darían cuenta por qué algunos de esos colaboradores se encuentran en la misma disyuntiva que Alicia.
Para algunos de esos colaboradores, no sólo de primer nivel, sino para una buena parte de los servidores públicos del estado, las acciones del gobierno siguen estando desvinculadas unas de otras; pregunten ustedes, por ejemplo, a cualquier servidor público cómo se vincula su acción de todos los días con los objetivos estratégicos de su secretaría y con los del PED y se dará cuenta que no tienen ni comparten la visión estratégica del PED. No saben si sus actividades cotidianas contribuyen o no al logro de la visión de futuro para Campeche y su vida laboral es una simple rutina que hay que cumplir, eso si, religiosamente, en ocho horas.
Para algunos de los colaboradores, estos sí de primer nivel, los encargos públicos siguen siendo silos funcionales, departamentos aislados unos de otros, con agendas ocultas y objetivos particulares, boyantes de rutinas, procesos y trámites alejados de las necesidades de los ciudadanos, pues han descubierto que esta es la forma burocrática de controlar el exceso de demanda de una ciudadanía cada día más alerta y demandante de sus derechos. La visión de futuro de estos funcionarios no es tal, es de corto plazo y patrimonial; su compromiso con el estado es de dientes para afuera, juegan a la perfección el juego de la simulación y sus objetivos no son, sino en el mejor de los casos, contingentes a los del PED. Son burócratas buscadores de rentas que han logrado transformar la lisonja en un sistema de méritos y cuyos esfuerzos cooperativos no salen de las reuniones de gabinete.
Una visión de futuro para que tenga éxito debe ser compartida y es fundamental que todos los que decidieron enfrentar la responsabilidad de gobernar lo hagan con compromiso y visión de futuro.
Este parece ser un buen momento para decidir quién debe permanecer al frente de una responsabilidad pública y quién debe buscar sus intereses particulares, fuera del ámbito de los intereses públicos.
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Columna invitada
