Parece ya una regla que cuando se anuncia una gran obra para nuestro estado, la primera reacción es de rechazo y de condena, por no mencionar descalificaciones y calumnias. Así ha sido y así seguirá siendo mientras haya personajes que sigan creyendo que Campeche –y en particular nuestra ciudad- debe seguir siendo un lugar estático, inmóvil, sin crecimiento económico, sin una renovación integral de servicios y sin una oferta turística acorde con los enormes atractivos de nuestra geografía.
Afortunadamente, estas voces son pocas y una buena parte de los ciudadanos, por ejemplo, anhela la próxima apertura de salas de cines y valora lo que es tomar un café en las aceras de la Calle 59. Nuestro estado está entrando en una etapa de crecimiento necesaria para atender a las próximas generaciones de egresados de las universidades que quieren quedarse en nuestro territorio a trabajar, que quiere poner en práctica sus conocimientos aquí.
Las primeras reacciones a los nuevos proyectos en la Dársena de San Francisco son esas muestras de resistencia, de quedarse anclados en el pasado. Nuestro estado tiene que crecer desde ahora, tiene que idear mecanismos para evitar la constante fuga de egresados de nuestras escuelas; está muy claro que hemos dejado ir a buenos estudiantes porque simplemente no les dimos la oferta laboral acorde a su preparación, y sobran los ejemplos de ello. ¿Acaso no se crearían fuentes importantes de empleo con grandes obras? ¿Por qué siempre depender de que el gobierno dé o no trabajo? El miedo a crecer siempre tendrá cabida entre los mediocres.
TUMBABURROS
Consejero jurídico (Sust. propio). Funcionario de un gobierno estatal cuya función es defender única y exclusivamente los intereses del estado en el que vive, pero que cuando se trata de un conflicto territorial, su labor se reduce a descalificaciones y diatribas, como sucede en un estado vecino.
Quintanarroense (Gent.). Llámese así a todo aquel residente de un territorio que apenas tuvo su independencia en 1974. Gente amigable, cordial, trabajadora y con inteligencia, pero con dirigentes políticos provocadores y desmemoriados que se dedican a insultar y a atacar cuando carecen de argumentos.
Verborrea (Sust. común). Dícese así a la palabrería excesiva que está siendo cada vez más común entre los líderes políticos de un estado vecino, quienes, al no tener razón histórica ni jurídica, se dedican a inventar y a injuriar, todo porque el máximo tribunal del país jamás les dará la razón.
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