
En los últimos días frente a la tensión Rusia-Estados Unidos provocada por el conflicto de Ucrania se ha especulado mucho sobre un regreso de la Guerra Fría. Sin embargo, como bien sostuvo Mauricio Meschoulam en su blog de El Universal, no estamos actualmente en un mundo con una economía que permita hablar de polarización en ese sentido. En el siglo XXI, en lo financiero y lo económico, el panorama es más complejo, especialmente donde las relaciones están marcadas por la interdependencia.
Distancias ideológicas de seis grados de separación, regidas por valores de socios comerciales en algunos casos, de compradores de gas ruso, y donde la distinción amigo-enemigo se diluye por intereses que hoy son de un color, pero que mañana cambian y donde el Consejo de Seguridad de la ONU se ha visto últimamente como un lienzo pintado al óleo: estático como un cuadro, observando como La Gioconda, sin comprender si sonríe o está seria… así está el mundo hoy.
Las relaciones entre países son tan pragmáticas que casi recuerdan al tango “Cambalache” de Enrique Santos Discépolo. Todo revuelto. Todo mezclado. Sin cuestionamientos. En un botica donde se encuentra de todo y todo con todo.
La letra es muy clara. “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor. Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador. Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro, que un gran profesor. No hay aplazaos, ni escalafón, los inmorales, nos han igualao.”
Demócratas – o quienes pretenden serlo– embrollados con quienes son tildados de poco o nada pluralistas. Conservadores simpatizando con Putin. Europeos que compran a Rusia el 30 por ciento de la energía que consumen. Estados Unidos y Rusia con una balanza comercial flácida y liviana, con un presidente, el americano, que está como el intercambio comercial con Putin, debilitado pero por su propio Congreso y, los rusos, ante lo que parece un circo del premio Nobel, con un mandatario nominado a la paz.
¡Vaya Paz, y vaya Ucrania! Con un presidente depuesto, con manifestaciones masivas en la calle, la estrategia de Putin es la diplomacia, pero muy fría. ¿Se moverá la OTAN? ¿Habrá enfrentamiento militar con Rusia? En un escenario donde son más fuertes los discursos y los intereses políticos y económicos, un conflicto armado representa un equilibrio subóptimo –y ninguna de las partes quiere eso. Obviamente el ciudadano ucraniano, no entra en la ecuación del costo-beneficio.
La internacionalización de la política doméstica, además, es un hecho. En el caso americano por las características de su federalismo, la conformación de su sistema de partidos y el apoyo en las cámaras (que recientemente se ha mostrado frágil para los demócratas), el presidente Obama termina cediendo puestos, como sucedió con el Cierre de Gobierno el año pasado. Por otro lado, Putin centraliza la toma de decisiones en materia de política exterior aunque eso no implica necesariamente que sea más activo en su formulación. Esto último lo sostiene la teoría. En su libro Diplomacia Presidencial, Danese establece una clasificación de la participación presidencial en la formulación de política exterior. Existe la participación reactiva, donde el ejecutivo delega las relaciones exteriores; la activa, donde compromete su imagen e incorpora esta política al discurso; y la hiperactiva, en el que las directrices de la política exterior están asociadas para la opinión pública a la figura del Presidente. Putin asume dinámicamente el liderazgo; Obama más limitado institucionalmente.
Danese escribe principalmente sobre Brasil. Es importante aclararlo. Pero la hipótesis se sujeta especialmente donde para uno en el escenario actual la relación Ejecutivo-Legislativo es menos cooperativa. Por este motivo, el Congreso americano y otras instancias, actúan más autónomamente en la formulación de política exterior especialmente en un año de elecciones intermedias, que generalmente funcionan de puente para las presidenciales. Lo que haga Obama, lo afecta, y Putin lo sabe. Para Obama la apuesta de un conflicto armado es muy riesgosa. Además, en un mundo de “Cambalache”, donde “igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches” quien juegue mejor las cartas se queda con Crimea -y con el gas, la diplomacia está fría, casi congelada como sucedió con los alemanes en la Segunda Guerra Mundial cuando penetraron territorio ruso.



Columna Invitada
