Cecilia Liotti
Columna Invitada
Cecilia Liotti
Master of Arts en Ciencia Política por McGill University. Politóloga por la Universidad de Buenos Aires. Profesora Investigadora y Analista Política.
@CeciliaLiotti

No discriminación

Voces, Domingo 4 mayo, 2014 a las 12:06 pm

Durante mucho tiempo, por lo menos hasta el 2000, e incluso frente a los Comités de la Eliminación de la Discriminación de Naciones Unidas, la postura oficial de México era casi de invisibilidad cuando se daba cuenta de la situación de discriminación. En nuestro país el problema de la discriminación  asociada solamente a la identificación con la discriminación etno-racial estaba resuelto. La creencia se sustentaba discursiva y teóricamente en la idea de que la sociedad mexicana había superado la problemática gracias al mestizaje, es decir, que el discurso cultural sobre el mestizaje, lo presentaba como solución histórica de la discriminación. De hecho, José Vasconcelos en ‘La raza cósmica’ describe cómo se fraguó una nueva raza. De tal forma, que quedaba salvada la distinción europeo-indígena. Idea nacional, vale decir, que permeó el pensamiento de autores como Paz, y también algunos análisis de Krauze.

El punto era que si no había discriminación o la discriminación aparecía asociada solo a lo etno-racial, no habría por qué pensar en el derecho a la no discriminación. Sin embargo, 14 años más tarde, la pregunta está vigente y la respuesta de entonces, es completamente obsoleta, sesgada, y casi disparatada. ¿Discriminamos los mexicanos? Es una pregunta para introspección personal aunque seguramente la respuesta será afirmativa. Sin embargo, los datos duros de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENADIS) 2005 y 2010 expusieron que efectivamente somos sujetos discriminados y discriminatorios.

Esta semana en nuestra ciudad y dentro del marco del Seminario Permanente del Proyecto de Investigación “Igualdad y Calidad de la Democracia” tuvo lugar una conferencia magistral a cargo del Dr. Jesús Rodríguez Zepeda, que se tituló “Estigma, prejuicio y discriminación: el reto de la igualdad de trato”. En su presentación se debatieron todos y cada uno de los elementos teóricos que inspiran esta columna, mismos que se procura respetar para mantener el sentido original del expositor.

El foco rojo está puesto sobre el hecho de que la discriminación elimina los derechos y oportunidades de las personas discriminadas. La discriminación nos excluye de la justicia, del bienestar degradando nuestra calidad de vida. Si por ejemplo, tal y como se origina el proceso de exclusión, marcamos con nuestros prejuicios a determinados grupos, “naturalmente” a estas personas se les atribuye una imagen deformada y aparecen manchadas y desvalorizadas.  El patriarcalismo o el machismo es buena ilustración de ello. Las personas sujetas a la discriminación quedan expuestas a relaciones de dominio socialmente justificado. Igualmente las personas sujetos de otras formas de desigualdad de trato. Si eres mujer, es menester cuidar a los niños. Como eres mujer, te acusan de no hacer nada en todo el día. Si eres transexual, estás en la prostitución. Si eres hombre, te toca sostener el hogar. Si eres varón no puedes llorar. Si eres hombre, tienes que dar tu semana. Si eres homosexual, debes esconder tu preferencia. Si tienes 65 años, eres un adulto mayor que debe retirarse de su vida productiva. Si tienes apellido maya, lo traduces al español. Si tienes rasgos autóctonos, eres un indio no muy limpio. Si presentas alguna discapacidad, quedas fuera de algunas escuelas. La lista de casos de discriminación es más extensa.

 Si pensamos en los procesos discriminatorios, en el fondo, y no tan fondo, estos afectan a la mayoría de la población. La calidad de vida no puede ser plenamente buena si operan prejuicios discriminatorios establecidos de antemano. El prejuicio cultural generalizado sobre las mujeres, por ejemplo, luego genera otro tipo de daños, como acoso y diferentes tipos de violencia. Igual el prejuicio sobre el comportamiento de la gente que tiene apariencia de pobre, que se asocia a la delincuencia. Sesgos, estigmas, que alimentan un caldo de cultivo de la discriminación en todas sus dimensiones, proceso, que al mismo tiempo, termina sistemáticamente en la violación de derechos.

La no discriminación término que Rodríguez Zepeda vinculó al trato igualitario significa ser tratado como un igual. Es trato igualitario, término con raíces de Rawls, pero también de Dworkin, al que un teórico político y jurista campechano, Alejandro Sahui, prefiere seguir utilizando en negativo, como “no discriminación”. El sentido principal, sostiene Sahui, es no ser complacientes. El problema con la discriminación es que no la vemos. Todos nos pensamos igualitarios. ¿Lo somos?

Igualdad de trato o no discriminación implica aprovechar a plenitud los derechos que un sistema constitucional pone para nosotros. Es un tratamiento equitativo y una habilitación de las personas para que puedan aprovechar esos derechos: los derechos humanos.

En el 2011 se dio en nuestro país una Reforma Constitucional en materia de Derechos Humanos. El artículo 1ro de nuestra Carta Magna es contundente al respecto. La reforma redondeó la cláusula no discriminatoria y aparece el adjetivo “sexuales” refiriéndose a la no discriminación basada en preferencias sexuales, por ejemplo. Sin embargo, en general la reforma amplió el alcance de los derechos. Esto es lo significativo e importante de la reforma.

La discriminación está en la cultura, por eso, las instituciones y políticas públicas fundadas en derechos humanos deberían ser el marco para el inicio de la no discriminación. La discriminación es claramente un proceso de exclusión de derechos. Se aleja del ejercicio de los derechos sobre la base del prejuicio de pertenencia a un determinado grupo. Si es verdad que la presión coercitiva de una sociedad funciona, hagamos que funcione para bien, para que nuestra sociedad genere la cultura de nuestra propia legalidad en materia de derechos humanos, y por lo tanto, de la no discriminación.