
Lo primero que sentí después de la estupefacción fue coraje. ¿Por qué tú? ¿Por qué la gente buena se va? Me dejaste solo en un mundo que creía conocer pero del que no tenía idea como sería sin tu presencia. Después del coraje, un vacío se apoderó de mi alma, una incredulidad, una tristeza que me sacaba lágrimas por cada cosa que me recordara a ti. Cada nube en el cielo, cada rayo del sol sobre el mar, cada brizna de hierba, el olor a whisky, el olor a café, a tabaco, a libros, la casa, tu sillón, tu ropa que se guardó, la comida que te gustaba.
Lloré, aún lloro.
Han pasado años desde que nos dejaste, aún recuerdo el timbre de tu voz, la temperatura de tus manos, tu ceño fruncido pero, más aún, tu silenciosa risa. Recuerdo nuestras pláticas, recuerdo tus consejos y son tus consejos los que me han permitido seguir.
No. No he aprendido a vivir sin ti. Me haces una falta agobiante, abrumadora, dolorosa. No obstante, sé lo que me hubieras dicho: cambia de página, vive, sé feliz, ayuda a los demás y mantén tus principios intactos. No he aprendido a vivir sin ti, he aprendido a convivir con la ausencia y vivir para que desde donde estés, estés orgulloso de mí.
Te recuerdo todos los días y no solo en este día, puedo cuidar el lugar donde reposan tus restos, pero eso no sería suficiente para darte las gracias, puedo prenderte veladoras y dedicarte rezos pero aún así, para que sintiera que te estoy retribuyendo todo lo que me diste, no encontraría veladoras suficientes y me quedaría sin voz de tanto rezar.
Así que mejor te recordaré como lo que siempre has sido, te recordaré como parte de mí y te agradeceré a través de mis actos, a través de mis palabras, a través de cada minuto que dedico a los demás.
Te agradeceré viviendo como estoy, seguro que te hubiera gustado que lo hiciera, seré mejor para que a través de mí te recuerden a ti, amaré cada instante con mis seres queridos pues estoy seguro que a ti te hubiera encantado estar también, le hablaré a mis hijos de ti, les contaré nuestras historias, nuestras aventuras, nuestros juegos, les diré de cómo me enseñaste, de nuestras noches bajo las estrellas encontrando constelaciones. Viviré para seguir construyendo lo que empezaste y seguiré dando de la forma en que tú dabas, pues de esa forma nunca estarás lejos, siempre estarás aquí, pues mientras te recordemos no habrás desaparecido, al contrario, estarás más presente que nunca.
Disfrutaré la vida siguiendo tus consejos que aún escucho, que cuando veo las estrellas tu o mi subconsciente a través de tu cadencia, tus principios, tu imagen y tu voz susurran en mi ser. La disfrutaré porque sé que eso deseabas para mí.
Así que aunque no estés, aunque me hagas más falta que el aire, aunque ya no sienta tus manos tibias o escuche tu voz, tú vivirás para mí mientras recuerde cada gesto, cada consejo, cada libro que leímos, cada canción que escuchamos, mientras vea estrellas en el cielo, rayos de sol en el mar, briznas de hierba, olor de tabaco, café y whisky. Vivirás en cada uno de mis momentos pues eres parte de mí como yo lo fui de ti.
No necesito recordarte en estos días pues nunca te olvido pero, sí disfrutaré de la comida que tanto te gustaba y brindaré en tu nombre y cantaré para ti, recitaré para ti, rezaré por nosotros.
Y mientras vivo honrando todo lo que me diste y enseñaste… estarás a mi lado.
-
Arq. Jorge Gracia H.



Palabras Altisonantes
