Cecilia Liotti
Columna Invitada
Cecilia Liotti
Master of Arts en Ciencia Política por McGill University. Politóloga por la Universidad de Buenos Aires. Profesora Investigadora y Analista Política.
@CeciliaLiotti

Detrás de las banderas del mundial

Voces, Domingo 22 junio, 2014 a las 1:41 pm

El domingo pasado viendo el partido de fútbol de Argentina vs. Bosnia Herzegovina mi primera impresión poco tuvo que ver con el juego. Con la cara pintada de albiceleste y en muy buen ánimo de porras a un país latinoamericano, mi mente se congeló ante la mirada de un bosnio.

Hasta 1992 los jugadores bosnios jugaban en la Selección de Yugoslavia y es en esta Copa del Mundo que por primera vez participan debutando en Brasil. Bosnia declaró su independencia hace casi 22 años. Fue una nación multiétnica dentro de Yugoslavia: mitad musulmanes bosnios y el resto en su mayoría serbios y croatas, que durante la guerra se dividió mientras sus comunidades se pusieron una contra otra. Posiblemente todos recuerden Sarajevo y la masacre de Srebrenica.

La realidad de Bosnia Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro, Serbia y Kosovo desmembradas de la República Federal Socialista de Yugoslavia donde cada jugador y cada aficionado tiene una historia que narrar, heridas y marcas profundas, me llevaron a recordar a Begovi, ahora portero bosnio, que abandonó su ciudad a los cuatro años. Emigrado a Alemania y Canadá, salió; pero Džeko, el delantero, se quedó en Sarajevo y tenía seis años cuando la guerra comenzó. Uno del Stoke City y su compañero del Manchester City de la Premier League inglesa. El primero, Begovi, controversial, quizá poco comprendido por los canadienses porque participó en la selección sub-20, pero que en más de una entrevista ha quedado en claro que la selección se ha vuelto un punto de convergencia para refugiados y de los hijos e hijas que el conflicto bélico desplazó. Izet Hajrovi creció en Suiza e incluso jugó para el equipo nacional de ese país; Ibiševi en Estados Unidos. Al menos 11 jugadores cuentan con doble nacionalidad. Algunos crecidos en campos de refugiados, otros exiliados, y ahora unidos en Brasil 2014.

Otro caso es Ecuador. Selección sudamericana con al menos 7 jugadores que forman parte de equipos mexicanos importantes. Prácticamente todos los delanteros están en clubes de nuestro país: en el Monarcas Morelia, Cruz Azul, el CF Pachuca y en el Club Tijuana Xoloitzcuintles de Caliente (los Xolos), pero también hay un centrocampista en el Atlante y otro defensa en el Pachuca.

Mario Balotelli, delantero de la selección de Italia de ascendencia ghanesa, también habla de las vidas en la diáspora. Eligió ser italiano sobre el origen africano de sus padres biológicos,  no por soberbia, sino por su biografía.  De niño, a sus tres años, sus progenitores lo encomendaron a la familia Balotelli. Problemas vinculados a la pobreza,  o quizá otros, llevaron a Mario con los Balotelli. Hoy el Loco, Super Mario, Turbo Mario o Balotalia, lleva el ADN de los Barwuah de Ghana, pero en su decisión de adulto es Balotelli.

Jérôme Agyenim Boateng es futbolista alemán. Es el hermano menor del también jugador de fútbol Kevin-Prince Boateng, que juega en la selección ghanesa. Jérôme es defensa de la selección de Alemania y también milita en las filas de Bayern de Múnich. Los dos hermanos se enfrentaron ayer en el campo de juego. Sin embargo, Jérôme no es la excepción en el equipo germano. Lukas Podolski también con bandera alemana, pero nacido en Polonia juega como mediocampista y en las filas del Arsenal de la Premier League inglesa.

Didier Drogba de Costa Marfil es un ícono de lo que puede hacer una persona para detener un enfrentamiento civil. Didier, el elefante que detuvo la guerra, en el 2005 se arrodilló y pidió a la gente reflexión, se pronunció por la paz, con un gesto que le otorgó inmensa dignidad.

Suiza, Francia y otras selecciones tienen hombres de orígenes diversos. Tras las 32 selecciones que participan hay muchas personas con testimonios que trascienden nacionalidades, que exhiben un deporte laxo, positivamente incluyente, más allá de la procedencia y ascendencia, personas que muestran qué hay detrás de esas banderas. Como con Camerún, los leones indomables, donde en el campo de juego quedó de manifiesto el por qué de su bajo rendimiento.

¿Qué sentirán los jugadores cuando entran a un estadio? ¿Qué nación les enchina la piel? Creo que no vale preguntarse eso. Tendemos a dividir el mundo en soberanías, fronteras y clasificaciones, pero estas desavenencias son las que abrieron las llagas de guerra en lugares como la ex Yugoslavia. El fútbol, y no el arbitraje, ni los contratos millonarios, ni la FIFA, nos da una lección: las personas detrás de las banderas de las selecciones son las valiosas y sus semblanzas las transcienden. En un mundo globalizado qué importa si juegas en México, Inglaterra o Estados Unidos. Detrás de las banderas del Mundial sobresalen las diferencias. La pregunta que queda es ¿por qué no aceptamos en nuestras sociedades la diversidad tan fácilmente como la asimilamos para las selecciones de la Copa del Mundo?