Ricardo Rodríguez Dives
Estrategia y Desarrollo
Ricardo Rodríguez Dives
Contador público egresado del ITESM, con estudios en Dirección Hotelera en Cornell University y Finanzas en UC Berkeley; consultor en Turismo y Competitividad Económica; conferencista en foros de México, EUA, Canadá, Centroamérica y Europa; miembro fundador de organizaciones relacionadas al turismo, la cultura y los negocios; ex secretario de Turismo de Campeche
@rrdives

¿Hacia dónde vamos?

Voces, Jueves 3 julio, 2014 a las 12:46 pm

México ha comenzado a avanzar ordenando su marco estructural para ser competitivo y tener el entorno legal y económico adecuado para que las actividades económicas se desarrollen y el país pueda ponerse en marcha.

Poco a poco tenemos más elementos para darle certidumbre a la inversión tanto nacional como extranjera y los sectores productivos estratégicos se definen para impulsar su crecimiento.

Quizá no todo es como esperamos el común de los ciudadanos, todavía existe una gran brecha entre la estabilidad macroeconómica y los bolsillos de las familias, la concentración de la riqueza no ha permitido una adecuada distribución y la desigualdad social es lastimosa. Si pensamos que todo entrará a una dinámica de estabilidad y pleno desarrollo, son muchos los temas que aún tienen que resolverse.

El México que necesitamos requiere educación, honestidad y paz social.

Este orden de las cosas quizá sea una fórmula que no debemos desechar, resume en mucho lo que nos pasa y en gran parte resuelve nuestra situación. La educación es una piedra angular que sostiene a nuestra sociedad, conlleva la formación de nuevas generaciones, la capacitación de la fuerza laboral, el desarrollo tecnológico y las bases dentro del núcleo familiar para forjar buenos ciudadanos. Con educación, fortalecimiento de valores morales y civismo podemos avanzar de manera proactiva, generar el material humano capaz de enfrentar los retos del desarrollo y capaces de enfrentar el futuro. La educación contribuye a la disminución de la corrupción y estimula acciones de justicia social y empoderamiento ciudadano. La paz social y estabilidad es consecuencia de un crecimiento equilibrado y la procuración de bienestar y mejora en la calidad de vida de la población.

Todos estos factores pueden sonar fantasiosos pero son parte de un rumbo que los ciudadanos no debemos perder de vista y procurarlo. Pensamos generalmente que es poco lo que contribuimos en las soluciones del país pero en realidad potencializamos muy poco nuestra aportación a los grandes temas nacionales.

La brecha entre los que toman las decisiones del país y nosotros, los ciudadanos comunes, es tan lejana como nosotros deseemos hacerla. Existen mecanismos formales para hacer valer nuestras opiniones como lo son nuestro voto en las elecciones, la participación ciudadana en los foros de consulta, nuestra representatividad a través de nuestros legisladores, líderes sociales, empresariales, populares, la gestión ciudadana, nuestra libertad de opinión que podemos manifestar en muy diferentes maneras, incluso ahora también a través de las redes sociales, y muchas otras formas de hacernos escuchar y dar peso a nuestra opinión.

No obstante todo esto, también podemos incidir en la toma de decisiones a través de nuestras acciones por el efecto que generan en el desarrollo. Así, la manera en como ejecutamos nuestras laborales, como nos preparamos y capacitamos para ser productivos, las iniciativas que generamos para emprender, las ideas que transformamos en proyectos, la libre empresa, el pago de nuestras contribuciones, el conducir cívico de nuestros deberes y obligaciones, nuestra participación en grupos sociales, el liderazgo sectorial que podamos ejercer, la actividad política,  nuestra responsabilidad familiar como núcleo de la sociedad, el manejo ético de nuestro entorno, el respeto y tolerancia en la comunidad y muchas más interacciones que parecerían obvias o marginales pero que al final suman y son trascendentes. En resumen, ejecutar bien nuestro papel como ciudadanos nos hace participar en darle rumbo a nuestra nación. Entonces, en la escala que corresponda, los tomadores de decisiones deberán tener en cuenta a los ciudadanos, porque sin duda alguna, una sociedad participativa hace más pequeña la brecha entre gobernantes y gobernados.

Constantemente nos quejamos cuando algo no se hace correctamente, pero así también, continuamente no ejercemos nuestro papel como ciudadanos responsables dentro de una comunidad, sea cualquiera que sea nuestro rol siempre lo acotamos voluntaria o involuntariamente y nos auto marginamos de las decisiones que se tomen. La democracia se ejerce con la voluntad de los ciudadanos, si no somos capaces de proponer, opinar y vigilar, simplemente perdemos la capacidad de impactar en nuestros destinos. Esto provoca que caigamos en autoritarismos y si ninguna de las partes actúan para procurar un bienestar provocamos exista anarquía.

Solo la ciudadanía puede irrumpir los escenarios con los “¡Sí se puede!” o “¡Ya basta!”, gracias al peso de sus acciones.

México vive momentos muy importantes, se ordena para crecer y en el concierto de las naciones es ya reconocido por su liderazgo como país impulsor del desarrollo y propositivo. Son tiempos para que los mexicanos hagamos a un lado las lamentaciones y ejerzamos nuestro papel proactivo como ciudadanos, incidiendo en la construcción de iniciativas, entendiendo nuestras oportunidades y apoyando la formación de las nuevas generaciones de ciudadanos que con educación podrán enfrentar mayores retos.

En la esfera de lo local existe una parsimonia que si bien no es del todo mala ya que ha ayudado a que nuestra entidad sea hoy un lugar seguro para vivir con buena calidad de vida, requerimos ser más participativos en las decisiones de la nación e involucrarnos más fuertemente en la tarea de desarrollar y crecer. Hay cosas con las que nos hemos conformado, pero existen muchos deseos de mejorar en todos los aspectos y no podemos seguir con los brazos cruzados.

Es por ello que necesitamos participar como ciudadanos, actuar en consecuencia y poner nuestro “granito de arena”, y si nos preguntan ¿hacia dónde vamos? sepamos exactamente qué responder.

El rumbo lo trazamos nosotros y nos debemos preparar para que sea el correcto.