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Columna invitada
Ricardo Rodríguez Dives
Consultor en Turismo y Competitividad Económica
@rrdives

Plan de Vuelo de una Nación

Voces, Jueves 18 abril, 2013 a las 12:26 pm

Cuando aspiramos a llegar a una meta es importante trazar un camino y considerar todos los elementos que se encuentran en el entorno, establecer un rumbo y definir objetivos. Este proceso, que comúnmente le llamamos planeación, requiere de cuidado y observación, pero sobretodo compromiso y disciplina, ya que de no cumplirlo se corre el riesgo de no llegar al final con el resultado que esperamos.

Para comprender la delicadeza de este proceso revisemos que hacen los

pilotos de un avión antes de emprender un viaje. Trazan una ruta desde el punto de partida hasta el destino final considerando todas las variables, afectaciones y elementos que implica su trayectoria, previendo las contingencias.

Antes de recorrer la pista para dejar tierra, ya saben cuánto pasaje y carga van a transportar, la distancia que van a recorrer, las condiciones geográficas y climáticas, así como los aeropuertos que van a utilizar y las torres de control que vigilan su recorrido. En el camino no son el único avión, así que su trayectoria es monitoreada para evitar una colisiones, incluso con frecuencia se corrige la ruta para favorecer un mejor viaje. Todo esto se llama “Plan de Vuelo” y si fue realizado a conciencia, el avión tendrá un grato aterrizaje en su destino final y los pasajeros estarán satisfechos.

¿Se imaginan las consecuencias de no realizar este plan de vuelo? Los riesgos serían grandes y cualquier error podría significar una catástrofe.

Si esto lo extrapolamos a la conducción de un país, nos podemos dar cuenta que es necesario hacer un proceso de planeación similar, definir un rumbo y anticiparnos a nuestras necesidades. Con un origen y un destino, contemplar las necesidades de desarrollo y definir una trayectoria, establecer las metas y sus tiempos, los objetivos a cumplir y sus alcances, definir las variables que inciden en los resultados, conocer los riesgos y ver la forma de disminuirlos, prever las contingencias y saber cómo afecta lo que sucede en otras partes del mundo.

En definitiva necesitamos un “plan de vuelo”, un proceso de planeación que le dé certidumbre a la actuación del gobierno y algo medular, un esquema de trabajo que resuelva a los ciudadanos las necesidades de corto, mediano y largo plazo, a la vez que establezca las condiciones precisas para el crecimiento económico y la mejora en la calidad de vida de la gente.

Precisamente México realiza en estos momentos un esfuerzo nacional que involucra la participación de sus ciudadanos a fin de integrar con propuestas e iniciativas un esquema a seguir para alcanzar las metas de crecimiento y bienestar que necesitamos.

De acuerdo con nuestra Constitución, el Estado es responsable de organizar un sistema de planeación democrática que imprima permanencia y equidad al crecimiento de la economía. Así, el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 tiene como finalidad establecer los objetivos nacionales, las estrategias y las prioridades que durante la presente administración deberán regir la acción del gobierno. El Ejecutivo Federal debe promover y garantizar la participación democrática de los diversos grupos sociales a través de sus representantes y autoridades, en su elaboración.

¿Pero realmente cuenta nuestra opinión? Ha sido interesante el esquema seguido para estructurar el nuevo gobierno federal y la forma de desarrollar la planeación al tiempo que trabaja, con mucha prisa, para articular lo que es ya una nueva manera de conducir los destinos de la nación. Los compromisos de campaña sumados a las de-  mandas de la gente durante el proceso electoral son una parte de la sensibilización.

Completado por el apoyo técnico que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) proveyó a través del análisis: “México, Mejores Políticas para un Desarrollo Incluyente”, donde cita muchas de las reformas estructurales y estrategias que ya se realizan.

Esto le da herramientas a un gobierno que tiene que actuar con rapidez en un entorno complejo. Como resultado inmediato de esta gestión es el Pacto por México, donde se establecen 94 compromisos que definen aspectos esenciales para todos los sectores y ámbitos del quehacer público y privado.

La articulación se contempla en el Plan Nacional de Desarrollo, incorporando las propuestas de una consulta nacional de manera dinámica; por un lado está la consulta y participación directa a través de los Foros Estatales y Temáticos, donde abiertamente los ciudadanos entregan sus propuestas y en la Consulta Ciudadana en Línea en el portal de Internet: pnd.gob.mx donde se vierten opiniones a los ejes rectores del plan y por medio de una encuesta se conoce el sentir de la ciudadanía, quiénes van viendo los resultados inmediatos de la consulta.

Después de esta fase seguirán los Programas Sectoriales por rubro de actuación y los Programas Operativos Anuales que determinan su ejecución.

Es complejo poner de acuerdo a 116 millones de mexicanos, pero hace mucho tiempo no se realizaba un ejercicio tan estructurado y definido para integrar un Plan Nacional de Desarrollo.

Los ciudadanos debemos emitir democráticamente nuestra opinión, involucrarnos para conocer las acciones y estrategias, saber dónde intervenimos, cómo nos afecta y utilizar las herramientas de transparencia y medición de la actuación que nos provee la ley para saber si estamos en el camino correcto y si se están obteniendo los resultados esperados. En nosotros está hacer valer nuestra opinión.