Columna invitada
Ricardo Rodríguez Dives
El autor es Consultor en Turismo y Competitividad Económica
@rrdives

El talento no es suficiente

Voces, Jueves 30 mayo, 2013 a las 12:13 pm

Todos conocemos gente muy sobresaliente dentro de nuestros ámbitos de acción, el primer círculo de influencia, generalmente familiares, amigos o compañeros de trabajo que destacan por la brillantez de sus ideas, su capacidad para desarrollar tareas, desenvoltura para con los demás o la manera como generalmente dan soluciones ingeniosas. Muchos de ellos son jóvenes que quizá desde muy pequeños han sido estudiantes de excelencia y siempre han destacado en sus responsabilidades. Quizá gente de todas las edades a todos los niveles que son un referente para muchas cosas pero que aún no logran estar en el lugar en que deberían estar.

En la actualidad no basta con ser talentoso para destacarse del resto de las personas, de hecho, si solo dependiera de ello para tener éxito, ¿por qué hay tanta gente talentosa que no es ni remotamente exitosa?

Si aplicamos el mismo precepto a la colectividad, nos damos cuenta de la gran frustración que existe en medios tan pequeños como nuestra entidad en un contexto de desarrollo, lleno de aspiraciones, pero truncado por apatía, desaliento, desesperación y generalmente limitado por circunstancias a las que no se les ha dado frente de manera integral. Sentimos que el esfuerzo que realizamos es mucho pero que éste no se ve recompensado como es debido.

Un estudio publicado recientemente por la Organización de la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) nos dice que en México, el ingreso familiar es de 12 mil 732 dólares al año, menos que el promedio de la OCDE de 23 mil 047 dólares al año. Pero hay una diferencia considerable entre los más ricos y los más pobres , el 20% de la población gana casi trece veces más que el 20% inferior. Así también en términos de empleo, casi el 60% de las personas entre 15 y 64 años de edad en México tienen un empleo remunerado, inferior a la media de empleo de la OCDE de 66%. Alrededor del 78% de los hombres están en el trabajo remunerado, en comparación con el 43% de las mujeres. La gente en México trabajan 2 mil 250 horas al año, más que el promedio de la OCDE de mil 776 horas. Casi el 29% de los empleados trabajan muchas horas, mucho más que el promedio de la OCDE de 9%. Como quien dice, en México trabajamos mucho y somos muy mal pagados en comparación con los países más desarrollados y emergentes.

Eso sí, este mismo estudio dice que los mexicanos somos los ciudadanos más felices entre los 34 miembros que tiene actualmente la OCDE.

Pero entonces debemos dimensionar los satisfactores que establecen cual es nuestra plenitud y que es realmente el éxito. Como hemos escuchado muchas veces “El dinero no lo es todo en la vida”, pero como ayuda dirían muchos.

Las frustraciones individuales y colectivas marcan muy fuerte nuestras aspiraciones y la decepción de ver que no obstante tener gente muy talentosa y con potencial, una y otra vez nos estrellamos contra barreras que parecen ser muy difíciles de superar.

En nuestro caso, la población se ha ensimismado y se ha vuelto escéptica, lo que no contribuye a nuestro crecimiento como entidad, a pesar de que tenemos constantemente ejemplos de logros y alcances individuales que deberían ser fuentes de inspiración. Lamentablemente ha habido una fuga importante de cerebros, gente muy valiosa calidad de exportación, que precisamente ante la falta de expectativas ha emigrado para mejorar sus condiciones de vida.

Si a nivel nacional los empleos son mal remunerados, en la escala local es todavía más severa esta condición. Tenemos verdaderos círculos viciosos donde las fuentes laborales existentes desestiman el valor de la productividad basada en la mano de obra que se capacita y no considera estímulos de ninguna especie a la superación individual o en equipo, lo que repercute directamente en la mejoría de las empresas.

Es muy notorio el escaso reparto de utilidades (PTU) que por ley le corresponde a los trabajadores bajo la resultante de pérdidas operativas de las sociedades. Las estrategias empresas pobres – empresarios ricos, no solo es un ardid desdeñado por los populistas, sino un condicionante que afecta la competitividad en los esquemas ganar-ganar que la iniciativa privada debería favorecer. Como empresarios debemos entender que un trabajador bien estimulado, con condiciones laborales dignas y que se reconozca su esfuerzo, hará la suma que se requiere para ser productivos y competir. Si a la gente le va bien, a la empresa le va mejor.

Es muy duro ver lo que sucede con las nuevas generaciones, jóvenes talentosos son atrapados por el desasosiego y ven con desesperación que sus oportunidades son reducidas. De las escuelas y universidades siguen saliendo generaciones de graduados que no se emplean en las áreas para las cuales se prepararon o lo que es peor, simplemente no encuentran un trabajo digno para aportar con su conocimiento y esfuerzo al mejoramiento de su calidad de vida, menos para contribuir al crecimiento de la entidad.

La desesperanza debe ser combatida con iniciativas desde cada una de nuestras esferas de actuación, tener pasión y aplicar la energía para ser creativos. Pero antes que nada debemos creer que tenemos el potencial para hacer cosas grandes, que tenemos una misión que lograr.

Es necesario no tener distractores derrotistas, decidir romper con los círculos viciosos y concentrarse en el presente, sin excusas, tener visión de resultados y determinar prioridades, usar las fortalezas personales y confiar en que la preparación es una herramienta muy valiosa que nos sacará adelante. Aprender a trabajar en equipo, unir esfuerzos y voluntades, tener perseverancia y no claudicar.

Tener valor, sed de conocimientos y con responsabilidad y actitud ser propositivos; Perfilarnos a procurar el éxito, y por que no, sonreír, al fin y al cabo ya nos certificaron como la nación más feliz, demostremos que así es ¡Viva México!