
Ana Martha Escalante Castillo es una de las candidatas “naturales” del PRI para la gubernatura de Campeche que se disputará en 2015. Nieta de un ex gobernador, hermana de un ex alcalde, ex diputado federal y ex secretario, también fue cuñada de Juan Camilo Mouriño y eso la acercó a un gran círculo político.
Hoy, la efervescencia pareciera crecer a diario y Ana puede ser, como todos los aspirantes, punto de convergencia de elogios y reclamos, pero con la diferencia que ella, sobre los otros, es la responsable de la primera línea de gobierno, esa que a diario habla con la gente, que a diario recibe los reclamos, pero que también la exhibe en sus capacidades administrativas y en sus deficiencias como gobernante.
Ninguno de los otros aspirantes, hay que decirlo, ha pasado por esta prueba de fuego: la presidencia municipal de la capital. No hay margen de comparación más que con Aracely Escalante Jasso, el curriculum más impresionante de los aspirantes, pero de la que hablaremos en la siguiente entrega.
La Presidencia sólo ve a estos actores políticos de Campeche que identifica claramente: al gobernador Ortega y a la alcaldesa Escalante; en las cámaras, alta y baja, a Raúl Pozos Lanz y a Alejandro Moreno; en su gabinete a Renato Sales Heredia y a Escalante Jasso; además de a su amigo Oscar Rodríguez Cabrera, operador político de muchos temas no publicitados ni visibles.
Por eso la necesidad de hablar de ellos y, como dicta la educación, las mujeres primero y de ellas las coincidencias: buenas candidatas y triunfadoras de sus elecciones, ambas rescataron los dos principales municipios a la oposición panista y amigas cercanas las dos por lo que entre ellas no se ven adversarias.
En el caso de Ana Martha, nadie puede calificarla de burguesa, aunque lo han pretendido sus adversarios. Sus años en la administración pública y en la labor partidista no la etiquetan así, aunque tampoco puede hacerse a un lado que su familia siempre ha sido acomodada y de solvencia económica desde hace decenios.
Para sus detractores, Ana Martha es una mujer frágil, delicada y hasta inexperta. La acusan de no tener la suficiente experiencia política para hacerse cargo del gobierno estatal y le censuran los magros resultados que aporta en una capital destruida por el tiempo, los parches, la ineficacia y la revancha política que agravó la crisis al final de la pasada Comuna, lo que redundó en su triunfo electoral.
Ana recibe también como ofensiva que ha favorecido lo mismo a su padre y hermanos que a su esposo en los temas de construcción y asignación de obra, argumento no acreditado hasta hoy, pero que muchos insisten en repetir para dañarla.
Lo cierto, Campeche capital no ha tenido la bonanza de recursos que hubo en otros trienios; la astringencia de la economía estatal agravada por la reducción de la producción petrolera, la modificación de los criterios de coordinación fiscal y la falta de creación de nuevos impuestos provocan que Campeche subsista y no invierta en revertir buena parte de los daños provocados por años de sólo remendar calles y servicios.
Para algunos, Ana ha cometido el error de quedarse a hacerle frente a todo lo que pasa en la ciudad; quedarse a caminar, a resolver, a que la gente la vea cercana, en su colonia, en su calle, supervisando obra, tratando de ganarle a calles que le tapan un bache y brotan otros por lo dañadas, viejas y caducas, amén de la pésima calidad con la que se construyeron y repararon muchas veces.
Su error, argumentan, es que no se fue al DF a gestionar, a pedir, a presionar y a darse a conocer. Que no la ven grillando, que sus regidores se le sublevan, que no los controla, pero la realidad tiene que ver con el dinero que ni se tiene ni alcanza y que muchos de sus regidores, incrustados en su planilla, no responden a su proyecto político sino al de otros aspirantes, lo mismo que sucede en alguna de sus direcciones.
Sin embargo, esa capacidad de tolerancia, esa capacidad de maniobrar teniendo a francos opositores del propio partido –y de otros-, ha ido hilvanando una gestión que, además, ha lidiado con una obra benéfica para la ciudad pero de la que no tiene control el ayuntamiento: el megadrenaje.
Ana responde a varios parámetros de la selección de candidatos: joven, mujer, invicta en sus elecciones y entra fácil entre los electores por su carácter afable además de que la mayor parte de los que votarán son de esa generación. Hay quien se atreve a decir que la decisión final será entre mujeres: con apellido Escalante.



Episodios
