
Y tú ¿ya te viste en el espejo de Elba Esther…? Durante muchos años, durante muchos sexenios has vivido en una sociedad apática, inculta, manipulable. Así nos hiciste, así te convenimos, así puedes manipularnos a tu entero antojo. Mientras menos “problemáticos” seamos, más fácil será darnos atole con el dedo, más sencillo será hacernos tragar las mentiras que nos sueltas en campaña y peor aún, sabiendo que nos estás mintiendo, seremos dóciles ante las mismas. Vivimos en una ciudad donde dicen que ni el mar se mueve.
Durante muchos años, durante muchos sexenios, la capacidad de nuestros políticos fue, quizá, el atributo menos considerado para tu puesto, es más importante que seas del “grupo”, que debas favores, que seas “leal” o útil a los fines para los que te designaron ciertas gentes que suelen ser las mismas… siempre.
Ahora que nombran delegados, no los vemos a ellos, vemos a tus grupos representados, a los intereses que te mueven, vemos una carrera anticipada por la gubernatura por debajo de la mesa. “Los contendientes” están acomodando las fichas o acomodándose ellos para seguir en “la jugada” y mientras, nosotros cuales borregos balamos sin cesar, sin importar, sin influir, sin elegir.
Cada sexenio vemos tu enriquecimiento inexplicable, vemos que antes vivías en la normalidad y ahora eres un sibarita de gustos y autos de lujo. Ya no es la chela, ahora es el champagne, ya no es la ida a Mérida, ahora es el viaje a Miami en avión particular. Eso me traería sin cuidado si fuera producto de tu trabajo y no de la transa, de las facturas apócrifas, de la compra de insumos al compadre a cambio de una “mochada”.
Pareciera que los altos sueldos que devengas sólo despiertan tu ambición y brincas de puestos no como servidor de la gente sino como parásito de la ubre gubernamental para seguir sangrándonos y además, hacer tus “bussines”.
Clamamos por gente nueva, por oportunidades pero se nos olvida el juego perverso que se da, si los delfines llegan, los padrinos seguirán ejerciendo el poder y manejando el dinero. Los mismos, los viejos, los jóvenes.
Desde hace años estamos en un desequilibrio de poder, no hay democracia que valga en una sociedad donde el pueblo no tiene el poder de exigir, de cambiar, de correr a quien no está funcionando. Eso no se gana con luchas sangrientas, se gana con inteligencia, se gana con la aplicación de la ley, se gana con una Contraloría independiente y obligando a todo aquel que quiera recibir dinero público a hacer públicas tus cuentas, tus propiedades. Las de tuyas y las de tu familia. Si queremos certeza de tu honestidad, debes ser más transparente que el cristal.
Ganas 55,000 al mes, al año debes tener 660,000 y si no gastaste un peso en comida, luz, ropa, tv, teléfono, escuelas y cualquiera de los otros gastos en que los mortales incurrimos, al final debes tener eso y no más. Y mis cuentas no me dan, lo veo y no me dan. No me sale para que compres casas, camionetas de lujo, terrenos, relojes y aparte abras negocios como si fuera de lo más sencillo.
Nadie, nadie está por encima de la ley. Mírate en el espejo de Elba Esther, cometieron un error garrafal, ahora sabemos que no son intocables, que no pueden vernos la cara. Mírate en el espejo y dime que se siente ser un simple mortal otra vez. Mira el espejo y me verás atrás junto con toda la sociedad a la que juraste servir…Sí, ahí estamos y cada vez estamos más despiertos, más cerca, más cansados de tu atole con el dedo y tus promesas incumplidas.
Mira el espejo y dime, dinos, atrévete a decir si eres honesto…
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