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Francisco López Vargas
Analista político, conductor y productor en Telesur, y colaborador de EL EXPRESO desde su fundación. Estudió Comunicación en el Instituto de Ciencias Sociales de Mérida.
@elnegrito_63

¿Distinguido?

Voces, Viernes 31 enero, 2014 a las 10:32 am

Manuel revisaba al reportero. Lo veía de arriba abajo y le preguntó a bocajarro: ¿A ti no te dieron medalla?

-No, Manuel. Esas distinciones no son para los mortales.

-¿Y qué, sí para gente de fama dudosa?

-No, Manuel, te equivocas. El recipiendario no tiene fama dudosa. Por el contrario, es perfectamente bien conocido y precisamente por eso mucha gente se pregunta el por qué de la distinción.

-Bueno, periodista, Campeche es el mundo al revés en muchísimas cosas. Tú siempre lo has dicho: es el país del nunca jamás porque nunca jamás te lo imaginaste, nunca jamás se te ocurrió, nunca jamás lo hubieras pensado…

-Bien, Manuel, entonces juguemos al juego de la simulación, vendamos simulacros, pero cuéntame qué hacías en el aeropuerto la mañana del sábado. Me dicen que montaste guardia desde la noche del viernes.

-¿Te vas a burlar?

-No, hombre, dime.

-Pues fui a esperar que llegara el Presidente para darle una carta.

-Bueno, Manuel, pero ¿por qué vendría el Presidente?

-¿Ya ves que sí te burlas?

-Manuel, amigo… ¡sería incapaz!

-Lo que pasa es que el sábado había un bautizo y me dijeron que venía Peña, Manlio, Emilio, no sé cuántos gobernadores, diputados federales, senadores, miembros del gabinete y pues me senté porque pensé cazar a más de uno para entregarle unas peticiones.

-Jajaja, ahora sí me río, pero no de ti. ¿De veras creíste eso? Ahora sólo falta que te digan que como tuvo que ir a Davos, el Presidente se disculpó ¿no?

-¡Ya lo ves! Contigo no se puede.

-Manuel, no seas cándido. Si la gente hubiera querido venir, hubiera venido. El Presidente estaba fuera, los senadores y diputados en receso, Emilio vive en Mérida y está a 20 minutos en el avión de sus amigos… ¿Cómo puedes ser tan inocente?

-Entonces, es como si yo te llamara a ser mi compadre y tú supieras que no puedo verte ¡ni en pintura!

-¡Claro! Es vivir en el simulacro, amigo. La simulación pierde a la gente cuando se encuentra con la realidad de golpe. La gente espera resultados, espera que hayan soluciones y esas no se dan en fiestecitas, ni comiditas. Sólo se da resultado trabajando, nada más.

-Mira que estoy contrariado, reportero. Creo que hice un papelón parado ahí como estúpido esperando a los que no venían.

-Le hubieras pedido una casa a Murat, ese vino con su papá y te hubiera podido resolver, como también quiere ser gobernador de su natal Oaxaca no te la hubiera negado, aunque nunca la hubieras visto.

-Es una canallada… Estaba en verdad ilusionado.

-Para que no haya desilusionados, Manuel, primero tienen que desaparecer los ilusos. Recuerda que los políticos viven en una tierra diferente a la tuya. Sus necesidades no son las mismas, tus aspiraciones no tienen cabida en su mundo perfecto. Pueden jurarte amor, cariño, hasta adoración e idolatría pero la realidad sólo es para hacerte sentir bien. ¿A poco sí te crees esos abrazos?

-Tengo la impresión que te
burlas.

-No. Lo que es una burla es que le den una medalla a un personaje que se precia de periodista, pero que ha agredido, al menos, a dos periodistas por preguntarle cosas incómodas. Le pegó a uno y correteó a otro que no le hizo frente no por falta de hombría sino porque significaba su destierro en esos días. Las medallas te las da la vida, Manuel. Son el premio de tu familia, los nietos, la graduación de los hijos, el amor de la esposa. Esos son los reconocimientos que importan, los demás sólo sirven para alimentar el ego, la soberbia y para fingir que eres decente cuando tú sabes perfectamente la clase de persona que sí eres.

-Entonces, ¿no te gustó el recipiendario de la medalla?

-Nadie me preguntó y no tendría por qué gustarme o no. Sé que las personas son lo que son, que sus propias vidas son las que a todos nos muestran ante la gente como somos realmente y si usamos el cargo para enriquecernos, la justicia para nuestro provecho, si somos capaces de traicionar a lo que tenemos en casa, pues ¿de qué sirve una medalla? No, Manuel, los premios que valen, los que realmente cuentan nos los dan en casa, nuestros hijos, nuestros nietos, las nueras y los yernos. Lo demás…

-A mí no me gustó que se la den a un funcionario que dejó el PRI, se fue al PRD, al PARM, regresó al PRI y se peleó, faltándole el respeto a su jefe, con el procurador. Además, lo de Calakmul se resolvió en otro lado y más por los detalles del Senado y la Corte que por los sesudos análisis de un abogado que llegó tarde al caso.

-Reflexiona, Manuel: ¿quieres vivir en la simulación?

-Preferiría vivir feliz, periodista.

-Y lo serás si estás feliz contigo, nada más.