
Una de las primeras cosas que debe aprender toda persona que se decida entrar a la política de nuestro país es que, cuando lleguen a un cargo tendrán una larga fila de personas hablándoles bonito, diciéndoles que sí a todo y endulzando sus oídos con halagos hasta por las cosas más insignificantes. Las palmadas en la espalda y el “fue buena decisión” serán las frases más recurrentes. Amigos saldrán por debajo de las piedras e inflarán pecho de orgullo mientras susurran al oído lo que se espera oír.
No obstante, los amigos en política son, al igual que los cargos, con caducidad manifiesta, en el momento en que se deje el cargo o no exista interés por la cercanía, los amigos desaparecerán como si nunca hubieran estado y dejarán una soledad ocupada solo por los brillantes ojos de los enemigos hechos durante el encargo. Una de las primeras cosas que deben aprender es que en política “los amigos son de mentira y los enemigos de verdad”.
En estos tiempos que aún no son los tiempos pero que a todos apresuran vemos cómo algunos “amigos” empiezan a buscar a su nuevo mejor amigo y con la mano en la cintura intercambian estampitas de principios y lealtades, a cambio de interés y conveniencia.
Y así, sin ninguna dirección los “grillos” saltan y brincan, cambian y se ajustan y empiezan la siguiente etapa de su mimetización buscando su indispensabilidad en la nueva estructura que se está conformando. Se sientan a pensar, no cómo elevar a su nuevo “mejor amigo” sino cómo bajar a los que están enfrente, en cómo soltar rumores y en cómo aplicar encuestas a modo de “conocimiento” donde se señale de manera subrepticia lo negativo de los “enemigos”. En esta vida construir es un largo proceso, destruir es un instante y es mucho más sencillo.
Y mientras se dedican a ese proceso de cortar a los que sobresalen para que no le hagan sombra a sus “amigos/proyectos” los que pagamos las consecuencias de nacer y morir cada seis o tres años somos nosotros.
Y mientras los amigos de mentiras campan a sus anchas en el periodo constitucional para después decir adiós, los enemigos de verdad permanecen rumiando odios absurdos y planeando retribuciones a su desespero. Es el “sistema” un sistema que deberá en algún momento evolucionar o cambiar, ya sea a través de la educación de nuestras nuevas generaciones, al despertar de la cultura cívica o al proceso de amar a la tierra donde se vive más que al interés temporal.
Aquellos que en estos tiempos que aún no son los tiempos desean que sus nuevos mejores amigos se den a conocer, háganlo a través de demostrar que son la mejor opción. Háganlo demostrando que el “amigo” que desean que sea quien tome las decisiones lo hiciera correctamente antes, que su desenvolvimiento en sus trabajos hablan de compromiso, de honestidad e integridad, que sus “amigos” tienen proyectos a largo plazo beneficiando a la mayoría y no a un pequeño grupo de personas, que han sido transparentes en su actuar y en su utilización de recursos que son de todos nosotros, que a pesar de sus cargos previos siguen siendo humildes durante todo el tiempo que lo han ejercido y no solo cuando les conviene. Aquellos que quieren que sus “amigos” sean la opción para el resto de nosotros, quítenle las comillas y sean amigos de verdad, de esos que están en las buenas, en las malas y en las peores; que dicen la verdad y le dicen sus verdades; que los enemigos que aparezcan serán por privilegiar el buen quehacer, la justicia y la transparencia; que pueden decirle sus errores sin miedo, directo y con entereza mientras les proponen una alternativa de solución; que son amigos leales y por esa misma lealtad se deben al bien común y no al bien personal.
Que son amigos de verdad y un amigo de verdad no deja que su amigo cometa actos innobles.
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Wilhelm Pérez



Palabras Altisonantes
