Raúl Sales Heredia
Palabras Altisonantes
Raúl Sales Heredia
Tiene formación como contador público y se ha desempeñado en diversos campos que van desde la docencia hasta la consultoría financiera, pasando en diversos momentos por el periodismo. Actualmente es vicepresidente de la Fundación Avanza.
@RSalesH

El trueque de la confianza

Voces, Viernes 20 junio, 2014 a las 2:02 pm

En nuestra vida hay ciertas verdades que hemos aprendido a punta de golpes, entre ellas, el famoso dicho de “la confianza tarda años en crecer y solo se necesita un segundo para desaparecer”.

La confianza es subjetiva, es lo que sentimos, es lo que creemos y esperamos, es el poder cerrar los ojos y dejarte guiar por una persona que sabes que está ahí en las buenas, en las malas y en las peores.

La confianza es uno de esos raros, rarísimos obsequios que son valiosos debido a que no se les puede poner un precio, por el contrario, si se pone un precio se genera el efecto opuesto, se desconfía en automático.

La confianza no aparece de manera espontánea, se construye poco a poco, en cada acción, en cada decisión acertada. La confianza se construye con ejemplo y no con palabras, la confianza no se pide, se demuestra con el ejemplo y es su forma de actuar la que determina si una persona es digna de nuestra confianza.

De un tiempo para acá, hemos visto como la confianza depositada en el actuar de nuestra clase política, de nuestras autoridades, de nuestra policía, de nuestro congreso e incluso de los medios que tienen la responsabilidad y el compromiso de informarnos, no solo ha decrecido sino que en ciertos casos se ha evaporado de forma absoluta.

Lo triste es que pareciera que a ninguno de los que en estos momentos nos inspiran  una desconfianza severa les importa un comino, pareciera que confían en nuestra corta memoria, pareciera que creen que si cierran los ojos y hacen como que no pasa nada, todo se alineará nuevamente.

Cuando se acercan tiempos electorales vemos como empiezan los actos donde los interesados en un cargo, se transforman en personas absolutamente comprometidas con su gente en las que después de unos besos, abrazos, sonrisas y porras se paran frente a un grupo de gente para hablar sin descanso pintando un futuro maravilloso si están con ellos y un descenso al abismo si están con alguien más.

Hablan y hablan y esperan que con unas despensas, camisetas, tazas o bardas pintadas hagamos un trueque con la necesidad, que confundamos fe y esperanza anhelante de que “éste es el bueno”, que “ésta vez nos irá mejor” con la confianza que debemos basar en lo que han venido realizando, en los resultados que han dado, en su vida completa y no en lo que nos digan, pues las palabras ya no son suficientes.

Y si de confianza se trata, se aprovechan en la desconfianza que tenemos en nosotros mismos para llevar a buen término una mejora de nuestra calidad de vida y nos dicen que ellos son la panacea de todos los males y nosotros, cansados, desesperados, con hambre, deseamos creer aunque no lo veamos, canjeamos confianza por fe, hacemos un trueque en el que damos nuestra capacidad y nuestros futuro a cambio de unas palabras bonitas en las que todos deseamos creer.

La confianza se construye, la confianza se entrega libremente, la confianza se deposita en aquellos seres humanos que han llevado una vida digna de emular y no en palabras al viento y fotos sonrientes.

La confianza se gana y la que debemos tener en nuestra propia capacidad es la más importante de todas. Si queremos ser mejores no necesitamos que venga alguien a decirnos que lo seremos si votamos por ellos, al contrario, somos nosotros los que debemos exigir a los mejores de entre todos ellos para darles la oportunidad de representarnos.

Mi confianza es un privilegio, es un honor que le doy a aquellos seres humanos que no me la piden y si la merecen. Mi confianza no está en venta ni puesta para trueque.

A ti político, policía, congresista, partido político, medio de comunicación, servidor público, si quieres mi confianza… gánatela o hazte a un lado.