
Las decisiones que tomamos tienen siempre consecuencias, unas buenas otras malas, unas nos dejan satisfechos, otras nos dejan enseñanzas. Algunas de nuestras decisiones nos llevan a encrucijadas donde debemos elegir y tomar otra decisión y así hasta que nuestra vida es un compendio laberíntico de decisiones donde a veces nos perdemos y en ocasiones, nos encontramos.
Somos hijos que no entendemos lo que es serlo, hasta que somos padres; somos trabajadores que transitamos entre ser jefes o subordinados; somos el vecino incómodo unos días y otros, somos los que emitimos la queja; somos los que exigimos resultados y nos sentamos a ver que lo hagan o somos los que lo intentamos una y otra vez aunque no veamos resultados.
En esa dualidad donde la decisión que tomamos impacta en nuestro futuro individual pero, que se cruza con los de aquellos a los que amamos, los que nos odian, los que les somos indiferentes, solo nos queda decidir y esperar que la decisión entre ese laberinto, sea la correcta.
Nadie conoce el futuro, pero todos debemos planearlo y para eso solo tenemos el recuerdo que nos dice que aquello que vivimos, alguien ya lo vivió en algún momento y quizá, su experiencia, nos servirá para decidir. Nuestra formación como seres humanos viene de nuestros padres, maestros, amigos, amores y hasta los enemigos que encontramos en el camino son parte de nosotros, son parte de lo que nos hace ser mejores o peores. Debemos de vivir conforme a lo que creamos pero respetando a los demás, sirviendo dentro de una sociedad y con honestidad pues solo de esa forma nuestras decisiones, serán las correctas.
Podemos equivocarnos, es de humanos hacerlo pero, persistir en el error es de soberbios (aunque también es muy humano el asunto); podemos lastimar sin desearlo, pero, darnos cuenta y persistir en la posición hiriente, es bajeza.
Ver que existe algo incorrecto y no hacer nada para cambiarlo es complicidad. No tomar una decisión, es en si, una decisión, no ayudar cuando puedes hacerlo hablará de lo que eres, de lo que hay detrás de ti, de tus padres, maestros y amigos. Burlarte, sobajar, mentir, robar, lastimar, vender tus principios, son decisiones. Respetar, tender la mano, defender la verdad, vivir en honestidad, proteger al prójimo, mantenerte firme en lo que crees, también son decisiones.
No se queden con las ganas de cambiar su entorno, de sembrar un árbol, de ayudar a cambiar una llanta, a ceder el paso, a abrir la puerta a un completo extraño, a dar los buenos días, a decir gracias, a recoger la basura aunque no la tiráramos nosotros, a reciclar pensando en el futuro de los demás, a decir la verdad, a pasar el mayor tiempo posible con nuestros padres, a enseñarle a nuestros niños la mejor versión de nosotros para que ellos aprendan a través del ejemplo, para que se sientan orgullosos, para que puedan decidir de manera correcta y nosotros nos inflemos orgullosos de su actuar. Las pequeñas buenas acciones, se acumulan una sobre otra, hasta construir una maravillosa estructura que dará soporte a nuestra vida, a las vidas de los demás.
Dentro de ese laberinto que es y será nuestra vida, dependerá de nosotros si queremos que sea un laberinto lúgubre, húmedo, oscuro, donde exista miedo en cada esquina o un tranquilo laberinto de jardín donde la brisa traiga aromas de flores y susurro de árboles, donde el sol brille sobre cada una de nuestra decisiones y donde podamos trazar éstas en una línea hasta donde nuestros ancestros nos saluden con una sonrisa de satisfacción en su rostro pues sus enseñanzas fueron escuchadas y permanecerán en el tiempo, pues el laberinto de nuestras decisiones futuras será basado en el buen actuar, en el respeto a los demás, en el servicio a la sociedad, en la honestidad hacia los demás… y hacia nosotros mismos.



Palabras Altisonantes
