
El movimiento magisterial en todo el país se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza. Para ni uno solo de los mexicanos, la “fortaleza” política que tuvo durante sexenios Elba Esther Gordillo era justificable y solo la vimos durante esos años como una acomodaticia líder política que supo ganarse un lugar a costillas de la pauperización de los maestros y la degradación de la educación. Las cosas no cambiaron con su encarcelamiento.
Hoy, para nuestra desgracia, el vacío político dejado por Elba Esther y la incapacidad de negociación y de control político del nuevo gobierno no ha enfrentado a un dilema mucho más severo: el problema de la educación no solo era el SNTE y Elba Esther.
Usado por sexenios como un ariete electoral del PRI, ese sindicato corporativo pisoteó y dañó a muchos maestros que terminaron sus días sin las prebendas ni las concesiones que se lograron para los cercanos a la dirigencia. Sin embargo, los privilegios de vender o heredar las plazas sí fueron usados por todos y así vemos que los hijos sin oficio y sin vocación terminaron por convertirse en “profesores” que solo han visto al magisterio como su fuente de ingresos, de prestaciones y, por supuesto, de una jubilación.
El daño corporativista del sindicalismo mexicano está muy lejos de ser solo el peor de los lastres de la educación, también lo es del petróleo y su industria, de la Comisión Federal de Electricidad y de la minería y el ferrocarril, por citar los más conocidos: Napoleón Gómez Urritia, Carlos Romero Deschamps, Víctor Flores Morales o Víctor Fuentes, el menos conocido.
La desaparición de Elba Esther de la escena política dejó un vacío que la falta de liderazgo de Juan Díaz de la Torre ha provocado lo que hoy vemos se reproduce en todo el país: la CNTE jala profesores mientras los antagonistas de los liderazgos locales del SNTE se unen para crear confusión y provocar un mayor daño a los niños mexicanos ante la incapacidad política de la Federación al promover una Reforma Educativa.
Indispensable para el país, la Reforma Educativa no es lo que debió ser y tampoco es lo que los maestros hoy en la disidencia quieren hacer creer a los padres de familia. Hoy, el pretexto es lo de menos, de lo que se trata es de negociar, de sacarle raja a la falta de liderazgo y de control político mientras se lesiona no solo a los educandos sino también a la población, que se convierte en una víctima del daño colateral.
En Campeche, como en muchas entidades, los maestros engañan a los padres de familia con el argumento de que se privatiza la educación cuando en realidad los que quieren sacarle beneficios propios e individuales a sus plazas son los propios maestros. La educación, consagrada en la Constitución, deja muy claro que será gratuita y laica y si bien sigue siendo deficiente y mala, también es verdad que los profesores han vivido de ella y de sus privilegios de manera por demás desahogada.
Es verdad que los ingresos de los maestros no tienen nada que ver ahora con los que tenían en los 70´s u 80´s, pero la realidad es que el deterioro de la misma es directamente proporcional con la calidad de quienes hoy están frente a grupo.
Generalizar la satanización de los maestros es un error, pero también lo es permitirles que les hagan creer a los padres de familia que ellos cubrirán los gastos de la operación de las escuelas. Falso. El deterioro de muchas escuelas tiene que ver con los directores e inspectores coludidos que han usado la pintura y el material para los planteles para uso personal: pintaron sus casas, se quedaron con computadoras y usaron recursos para el mantenimiento para ampliar su casa o para pagarse un viaje.
Esa complicidad mal entendida y fomentada durante 70 años de priato, envileció al país y convirtió la cultura de la impunidad y la transa en una moneda de curso que hoy nos hace ver lo caro del precio de sostenerla. Los maestros de hoy usan a los propios padres de familia como parapetos para que ellos paren las escuelas y los maestros no sean castigados y menos les descuenten de sus sueldos.
La educación es la única vía para que México cambie, pero con maestros así y con prácticas como las que se han convertido en estrategia de lucha, muchos deberíamos de repensar si lo que debemos de cambiar no es todo el sistema en lugar de promover una reforma que está muy lejos de acabar con el problema.
Mientras los ciudadanos paguemos los platos rotos, peor quedan los maestros y el gobierno que no los castiga y los pervirtió.
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Fher



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